Pero, insólitamente, esa mejora de las expectativas no parece traducirse en un repunte de las posibilidades electorales de los candidatos del oficialismo, lo que marcaría que el divorcio del kirchnerismo con la sociedad ya no es sólo económico, sino también político.

Así surge de comparar mediciones privadas como el Índice General de Expectativas Económicas (IGEE), que miden la Universidad Católica Argentina (UCA) y TNS-Gallup, y que hasta ahora había mostrado gran correlación con los resultados electorales. Los dos récords de optimismo de 2007 y 2011 coincidieron con los triunfos electorales de Cristina Kirchner. Mientras que el récord de pesimismo coincidió con la derrota del kirchnerismo en 2009.

Claro que todas las mediciones son anteriores a la noticia de la internación y operación de la Presidenta.

En septiembre, las expectativas mejoraron 5,3% y quedaron en el nivel más alto de 2013, y el 6,7% por encima de un año atrás. La mejora coincidió con el aumento del mínimo no imponible de ganancias y el anuncio de los cambios que permitieron volver al monotributo a miles de contribuyentes que habían sido expulsados del sistema ya que las escalas no se habían actualizado en los últimos seis años.

Con todo, esta vez el efecto político parece escaso, ya que las encuestas de intención de votos, como las de Poliarquía que publica LA NACION, siguen mostrando una clara ventaja de los sectores que se oponen al oficialismo.

En septiembre, además, las expectativas quedaron 12,2% por debajo del récord de optimismo de octubre de 2011 y 42,1% por encima del récord de pesimismo de abril de 2009.

El sondeo muestra también los efectos del cepo cambiario y la desconfianza. El 54% de la población asegura que de tener excedentes de dinero lo guardaría en pesos en su casa o lo destinaría a compras. Sólo el 13% guardaría pesos en el banco; 5% compraría dólares para guardarlos en el domicilio y apenas 3% compraría dólares y los depositaría en el sistema bancario.

Desde 2010 cayó la propensión a comprar dólares, y aumentó la tendencia a quedarse en pesos y dejarlos en casa, y también la de destinarlos al consumo.

Con toda la mejora, el 35% de los argentinos sigue considerando que la situación económica es mala o muy mala. Y las opiniones negativas siguen siendo mayores en los niveles medios. Allí, el 43% considera que la situación es mala o muy mala. Es curioso. Es exactamente a ese sector al que se dirigieron específicamente las medidas. El diseño de las mejora de ganancias pareció destinado a sectores que el oficialismo tenía entre sus votantes y había perdido. Trabajadores alcanzados por el tributo o con una creciente presión sobre sus salarios y que habían perdido las asignaciones familiares. O individuos obligados a recategorizarse como autónomos, un rango mucho más costoso y engorroso que el de monotributistas.

Pero el resultado parece adverso. Cuando se pregunta por la situación en los próximos seis meses, los más pesimistas son los sectores altos, donde las malas perspectivas alcanzan el 48 por ciento.

Las opciones para el ahorro también parecen mostrar el resultado de las diferentes experiencias en la vida. Los más jóvenes, que sin duda no tienen la vivencia de la inflación, prefieren guardar pesos en casa en el 34% de los casos, cuando el promedio general para esa elección es del 27 por ciento.

En tanto, gastarse los pesos es la opción favorita de los mayores de 65 años, que pasaron por el Rodrigazo, la híper y períodos en que 30% de inflación mensual parecía "normal". La clase media y los sectores de más nivel educativo también prefieren consumir.

El sondeo se realizó entre 13 y el 21 de septiembre e incluyó entrevistas a 1010 personas de 18 y más años con alcance nacional.