En el último informe, hace ya varios días, decíamos: "Lo más
probable es que en los próximos dos meses vivamos un periodo de tranquilidad en
el valor del dólar. Aún más: resulta factible que su valor decline, en
términos nominales..."
Pues bien, hasta ahora, la predicción ha resultado acertada. Y aquellos que
vendieron la soja, lo hicieron a muy buen precio.
Ahora bien, ¿qué puede pasar de ahora en más? Quizás el escenario más
probable sea el de que el dólar no sólo se mantenga sino que también pierda
valor en forma paulatina. No se puede adivinar, pero no es descabellado pensar
en un escenario donde el dólar se acerque a una paridad de $3 para fines del
verano.
¿Cuáles son los argumentos que sostienen tal posibilidad?
Como tendencia general, desde octubre se nota una suave apreciación del peso frente al dólar, fenómeno que desde la incorporación del nuevo Presidente del Banco Central se ha acentuado, como bien lo hemos visto en los dos últimos días. Si el nuevo presidente es ratificado por el Congreso tal proceso de pérdida de valor frente al peso tendría una mayor probabilidad.
Cuando se dispuso la obligación de liquidar las divisas agrícolas en el Banco Central, allá por agosto pasado, se frenó el alza del valor del dólar y, así, se originó un círculo virtuoso en la economía en general. De perder divisas, este organismo pasó a ganarlas, y ello fue por el aporte decisivo de los dólares de las ventas del sector agrícola y ganadero.
En tal cuadro, el Banco Central ha podido contar con una oferta diaria de dólares que le permitió, durante más de cuatro meses, mantener una estrategia de flotación sucia en un nivel próximo a $3,5 por unidad de dólar.
La mayor oferta de granos y de subproductos, junto la subas de precios internacionales y el abrupto crecimiento en el saldo de la balanza comercial más la fuerte absorción de fondos, con altas tasas de interés, trajeron esta estabilidad.
Ahora promediando la cosecha de trigo, faltando poco para la gruesa, y con un nuevo presidente del Banco Central, es probable que el valor del dólar pierda posición en términos nominales frente al peso.
En tal caso habrá que considerar muy bien la estrategia de ventas de la
cosecha.
Además del valor del dólar cuyo precio puede ir en baja, debe tomarse en
cuenta el gran volumen de mercadería sin vender.
Al volcar ese volumen al mercado, casi en forma inminente y en coincidencia con
la llegada de la nueva cosecha, es factible una caída importante en las
cotizaciones de la oleaginosa.
Tanto de granos finos como de gruesos, los productores siguen guardando
mercadería. Todavía mantienen en reserva estratégica alrededor de 5 millones
de toneladas de soja de la vieja cosecha.
Este stock de la oleaginosa pendiente de vender representa unos 800 millones de
dólares.
La falta de precisión por parte del gobierno, acerca de la forma en que se
liquidará el impuesto a la ganancias, opera como freno para las ventas de
granos.
La cuestión es que no se produzca una suerte de aluvión de órdenes de venta,
una vez vencido el plazo para liquidar el tributo.