La cubierta del barco está blanca. Durante el amanecer nevó suavemente y ahora el barco cambió de color.

Después del desayuno, vamos a la costa.

Nos espera uno de los cuatro marinos para oficiar de guía, conocido como el “Turco”. Nos acompaña también una perra ovejera alemán nacida en el lugar.

La idea es llegar a la Laguna del Chorrillo, que descansa sobre una planicie de rocas gigantes a unos 500 metros de altura. Esta laguna tiene un desagüe que forma un chorrillo de agua muy cristalina que cae verticalmente, a poca distancia del Destacamento, formando un espectáculo espléndido. Desde el barco se oye el ruido de la cascada. Y se aprecia cómo al agua dulce se funde con la salada del mar.

Comenzamos a subir hacia la punta de una montaña aledaña, que precede al monte Boutron de más de 700 metros.

Al comienzo el ascenso es dificultoso por la espesura del sotobosque, típico de la selva fría. La masa de malezas y espinas, entre apretados árboles como guindos y ñires, hace que el avance resulte muy difícil. Superada ella, nos espera un manto de rocas y escasas plantas.

A partir de los 200 metros de altura nos sorprende una fuerte nevada.

Ya los árboles desparecieron y los arbustos son achaparrados, sobre todo los espinosos calafates y muy aislados. El piso presenta trampas pues por momentos lo que parece firme es solo una arbusto cubierto de nieve, donde los pies se hunden unos 50 cm. Aprovechamos para tomar un descanso sobre una piedra enorme, y desde allí contemplamos hacia abajo la bahía Parry y el buque Ice Lady amarrado. Ya no está más blanco pues el sol se llevó su color mañanero devolviéndole su gris y azul.

Seguimos la marcha, ahora sobre nieve, y después de caminar unas dos horas llegamos a la laguna. Nos sobrevuela un cóndor. Es un ejemplar hembra juvenil, con sus características plumas de diferentes tonos marrones. En las inmediaciones debe haber una condorera.

Y llegamos a la Laguna de los Chorrillos. Está circundada por montañas con laderas en pendiente, de forma tal que parecen paredes de piedra que se levantan verticalmente, sin dejar casi ningún espacio de costa. El rebalse de la laguna conforma un arroyo de agua muy cristalinas que se desbarranca por la pendiente de la montaña formando un chorrillo. Las aguas caen con fuerza brutal sobre el mar y el ruido que proviene de ellas es magnífico, en medio de un silencio infinito.

Bajamos mucho más rápido de lo que ascendimos.

Lo hacemos por otro camino, a través de una pendiente muy pronunciada, que nos obliga ha realizarlo tomándonos de las rocas y los escasos arbustos que encontramos. Varios de nostros dejan parte de sus ropas en las piedras. La piedras son puntiagudas y rasgan las camperas.

A las 5 de la tarde, llegamos de nuevo al Destacamento. Entre risas y cuentos de todo tipo, nos alegramos con los restantes miembros de Destacamento de haber logrado llegar a la laguna.

Al amanecer del 27 partimos hacia Bahía Crossley.

Allí un grupo de trabajo al bucear en sus aguas, aprovechando el horario de máxima bajante, encuentra un barco metálico. Se supone que corresponde al naufragio del buque danés Amy desparecido en 1894.

Otro grupo desembarca en las costas, sorprendiéndose con la presencia de enormes ciervos colorados, con astas de más de 60 cm de largo y pesados chivos blanquioscuros.

El 28 de noviembre en la Bahía Franklin, sobre las costas, a unos doscientos metros del mar encontramos los restos del bergantín Goleta que, bajo el mando del Comandante Piedra Buena, naufragó en 1873. Cerca de los restos y a tan sólo unos 4 metros de nosotros, una pareja de pingüinos Rey, de casi 70 cm de altura nos miran con ingenua curiosidad.

Es la tarde del 30 de noviembre. Faltan pocas millas para alcanzar nuevamente el puerto de Ushuaia. Volvemos a la civilización. Y ya estamos extrañando la vida salvaje y espiritual de la Isla Misteriosa.