Después del desayuno, vamos a la costa donde nos espera uno de los cuatro ocupantes del Destacamento para oficiar de guía, al que conocen como el “Turco”. Nos acompaña también una perra ovejera alemán nacida en el lugar. La idea es llegar a la Laguna del Chorrillo, que descansa sobre una planicie de rocas gigantes a unos 500 metros de altura.
Esta laguna tiene un desagüe que forma un chorrillo de agua muy cristalina que cae verticalmente, a poca distancia del Destacamento, formando un espectáculo espléndido.
Comenzamos a subir hacia la punta de una montaña aledaña, que precede al monte Boutron de más de 700 metros. Al comienzo el ascenso es dificultoso por la espesura del sotobosque, típico de la selva fría. La masa de malezas y espinas, entre apretados árboles, hace que el avance resulte muy difícil. Superada ella, nos espera un manto de rocas y escasas plantas.
A partir de los 200 metros de altura nos sorprende una fuerte nevada. Ya los árboles desparecieron y los arbustos son achaparrados, espinosos y muy aislados. Ellos sirven para asegurar nuestro ascenso ya que con guantes podemos tomarnos de los mismos. Sin embargo, el piso presenta trampas pues por momentos lo que parece piso firme es solo una arbusto cubierto de nieve, donde los pies se hunden entre 40 y 50 cm.
Aprovechamos para tomar un descanso sobre una piedra enorme, y desde allí contemplamos hacia abajo la bahía Parry y el buque Ice Lady amarrado cerca del Destacamento.
Seguimos la marcha, ahora sobre nieve, y después de caminar unas dos horas llegamos a la laguna.
Contra la información que disponemos, un cóndor sobrevuela nuestro andar. Pensábamos que en la Isla no existían estos animales.
Es un ejemplar hembra juvenil, con sus características plumas de diferentes tonos marrones. Es seguro que en las inmediaciones debe haber una condorera. Lamentablemente no pudimos ver los adultos ya que ellos suelen volar cerca de su nido a primera y última hora del día, y en el resto de la jornada buscan su alimento en zonas de alejadas, en la parte inferior de la montaña, donde encuentran animales muertos.
La Laguna de los Chorrillos está circundada por montañas con laderas en pendiente, de forma tal que parecen paredes de piedra que se levantan verticalmente, sin dejar casi ningún espacio de costa.
El rebalse de la laguna conforma un arroyo de agua muy cristalinas, que se desbarranca por la pendiente de la montaña formando un chorrillo. Las aguas caen con fuerza brutal sobre el mar. Y el ruido que proviene de ellas es magnífico, en medio de un silencio infinito.
Bajamos mucho más rápido de lo que ascendimos. Lo hacemos por otro camino, a través de una pendiente muy pronunciada, que nos obliga ha realizarlo tomándonos de las rocas y los escasos arbustos que encontramos.
A las 5 de la tarde, llegamos de nuevo al Destacamento. Entre risas y cuentos de todo tipo, nos alegramos con los restantes miembros de Destacamento de haber logrado llegar a la laguna.
La compañía de los marinos resulta muy grata, y para ellos somos una verdadera fiesta pues hace más de un mes que no ven a nadie más.