Para ellos, la única verdad no es la que surge del debate. Si creyeran lo contrario, no estarían intentando desarticular a un medio de comunicación. La única verdad es la que nace del dolor del garrote. Poder en estado primigenio, casi salvaje, no civilizado. Y en ese mundo sin ley, la independencia judicial, naturalmente, es una fantasía.
Repasemos:
El apriete a los jueces, con recusaciones y denuncias penales.
Cuando los jueces de todo el país sacaron una declaración reclamando a la Presidenta que respete la independencia judicial, Carlos Kunkel, Marcelo Fuentes y otros kirchneristas redoblaron la apuesta y anunciaron el inicio del juicio político a los camaristas que extendieron la cautelar en favor del Grupo Clarín.
El domingo, por si quedaba alguna duda, Cristina Kirchner se ocupo nuevamente de la Corte y equiparó los fallos judiciales adversos con los fierros judiciales, en referencia explícita a los tanques. Hizo la mandataria una insostenible interpretación "tanques-periodismo-fallos". Curiosa para ella, que presidio Asuntos Constitucionales en el Senado y, desde la primera magistratura, inspira los decretos y leyes.
Pero esa interpretación es totalmente coherente con quien concibe al adversario como un enemigo y a la verdad ajena la visualiza como un territorio a conquistar y sojuzgar.
La Corte no se dejó amedrentar y dictó un fallo en el caso Grupo Clarín: rechazó un recurso per saltum mal presentado. El presidente de la Corte, Ricardo Lorenzetti, sin embargo, aprovechó las reuniones con sus colegas para confirmar que nunca tuvo aspiraciones a ser Presidente de la Nación. Una gentileza para despejar cualquier sospecha de que sus fallos puedan ocultar una motivación política. Pero al Gobierno no le bastó y, ayer, salió a embestir de nuevo contra Lorenzetti.
Hay muchos más ejemplos. No es necesario repetirlos.
El Gobierno concibe que el poder sólo se conserva si es poder total. Gobierna para un país pre-constitucional.
El país, sin embargo, comienza a dar señales cada vez más frecuentes de que busca un poder racional, moderado, sujeto a reglas de consenso y diálogo. El país se debate, una vez más, entre la desmesura y la cordura. La oposición tiene un deber mucho mayor que el de tomarse una simple foto de familia.