Sabe el campo que más del 60% del aporte de divisas al Banco Central viene hoy del sector?
¿Qué pasó para que la crisis irrumpiera con tal impiedad?
Cuando Ricardo López Murphy quiso poner en práctica un plan de dura contención del gasto público. Pero ello obligó a de la Rúa a desplazarle a tan sólo quince días de haber asumido. Lamentablemente, ésa fue la oportunidad del débil Presidente para modificar el rumbo hacia el abismo.
En este cuadro de incertidumbre, el Presidente decidió, como recurso de última instancia, recurrir a un economista de prestigio Se había impuesto en la clase gobernante de que una persona de tal talla podría modificar las expectativas económicas. Así, Domingo Caballo, (visto como una suerte de Superman) nuevamente al frente del área económica, implementó un plan de emergencia, con poderes especiales. El pretendía disminuir el gasto público y eliminar el sesgo antiexportador que presentaba la Convertibilidad, como consecuencia del llamado "superdólar" y dada la resistencia a la baja de la tasa de interés interna. Vale destacar que la tasa de interés no bajaba por el elevado endeudamiento fiscal, tanto a nivel nacional como provincial.
Concentró, así, su atención en la aplicación de medidas pro-competitividad, pero no atacó el problema del déficit por temor a las protestas sociales. Para ello, aplicó un impuesto sobre las transacciones bancarias (cuentas corrientes) e implementó el denominado "factor de convergencia". Este factor nació a partir del objetivo de incorporar el euro a la Convertibilidad.
Dos serían las monedas de respaldo al peso: el dólar y el euro. Pero, como el euro todavía cotizaba por debajo del dólar, la nueva convertibilidad entraría en vigor, solamente, cuando ambas monedas estuvieran en una paridad de 1 a 1.
El factor de convergencia era, así, un coeficiente de corrección (transitorio) hasta tanto el euro igualara al dólar. Como este factor se aplicaba tanto a las importaciones como a las exportaciones, las primeras financiaban tal premio a las segundas. El resultado fue que, durante su gestión, el tipo de cambio comercial mejoró alrededor de 7% sin provocar inflación.
Pero esta medida que no afectaba la estructura central de la Convertibilidad, sí incrementó y de manera sustancial la incertidumbre, acentuando la credibilidad sobre la supervivencia de la mencionada Convertibilidad y elevando la tasa de interés, acentuando la huída de fondos desde el sistema financiero argentino.
En su afán de revertir la desconfianza y para lograr una posición más flexible del Banco Central -que le permitiera cierto uso de las reservas- mantuvo una actitud complaciente con la oposición de centro izquierda, en una campaña en contra de la autoridad del Banco Central, a fin de forzar la renuncia del Presidente del Banco.
Es a partir de esta renuncia que la sociedad comienza a percibir, ahora de forma contundente, la fragilidad del sistema financiero.
A su vez, la nueva actitud de las autoridades del FMI y del Tesoro de EE.UU. que expresaran su escepticismo y la necesidad de abandonar el tipo de cambio fijo, cumplieron un papel de combustible en la crisis.
Las dudas sobre la solidez del sistema financiero, con una cartera de inversiones concentrada en títulos públicos produjeron una corrida bancaria, la que tomó un cariz dramático en noviembre de 2001. Por ello, a principios de diciembre, Cavallo impuso fuertes restricciones a la compra de divisas y a las transferencias de fondos hacia el exterior.
Pero fue la limitación de retiros de dinero en efectivo de los bancos, dispuesta en esos días (y por un período de 90 días, solamente lo que llevó a lo que parecía el principio del caos social. El golpe sobre la economía fue altísimo y los pequeños empresarios y todos los que se movían en una economía marginal o cuasi marginal resultaron los más afectados.
Los disturbios sociales no se hicieron esperar y la violencia en determinados puntos del país puso al gobierno sobre el abismo. En poco tiempo, presentó la renuncia.
Traumática terminación de la Convertibilidad.
Ese año, esto es el último de la Alianza fue de fuerte baja en la actividad. La contracción del PBI, durante el último trimestre del año 2001, alcanzó niveles alarmantes al mostrar una abrupta caída de 11%. y el comportamiento del PBI, en el año 2001, marcó un descenso del 4,5% respecto al año 2000..
Al comenzar el año actual, el gobierno dio por finalizado el esquema de Convertibilidad. Se estableció un doble mercado cambiario, fijando el valor del dólar en $1,4 (en la Convertibilidad el peso era igual al dólar) para las operaciones comerciales y adoptando una cotización flotante para las demás transacciones.
El dólar de tipo financiero, inmediatamente, superó al comercial
Este cuadro de devaluación cuestionó la capacidad de pago de los deudores con el sistema financiero, cuyos ingresos quedaban fuertemente rezagados en términos de dólar. El problema residía en que cerca del 90% de las deudas bancarias estaban establecidas en dólares.
El doble mercado, en febrero, fue eliminado dada la escasa disposición de los exportadores a vender divisas. Por ello, se decidió que el Banco Central interviniera en la flotación del valor del peso. Frente a este cuadro de fuertes transferencias de riquezas, el gobierno dispuso que todas las deudas entre agentes privados, con la excepción de los depósitos bancarios, se transformaran a pesos a un cambio paritario de 1 a 1 con el dólar. Y que luego se ajustaran según un índice relacionado con el de precios al consumidor.
A su vez, los depósitos en dólares se convirtieron a un cambio de $1,40 por unidad de dólar y, a partir de allí, pasarían a recibir un ajuste diario equivalente al de los depósitos. Habida cuenta de que el dólar subía de valor muy por encima del mencionado nivel de $1,40, los ahorristas se volcaron a las calles en reclamo de sus fondos.
Con un cuadro tan delicado, gobierno dispuso la reprogramación de los depósitos a plazo fijo. De esta forma, y los vencimientos de los ahorros pasaron a ser reprogramados. (corralón). Desapareció, en tal contexto, la captación de nuevos ahorros y el otorgamiento de crédito.
Como es entendible, este esquema de rigidez financiera actuó como verdadero combustible en el proceso depresivo de la economía.
La falta de crédito y las dificultades en el manejo bancario explican, en buena parte, por qué una devaluación, como pocas veces se vio en la historia mundial no lograba producir el esperado despegue exportador.
La imposibilidad de disponer de los plazos fijos originaron todo tipo de querellas judiciales, donde muchos ahorristas lograron dictámenes favorables y, consecuentemente, pudieron retirar fondos del sistema bancario.
Esas salidas más la desaparición de nuevos depósitos acentuaron la necesidad de redescuentos por parte de los bancos hacia el Banco Central. De esta forma, bajo la presión de tales requerimientos, para mayo de 2002, el valor de dólar seguía su camino ascendente.
Mientras tanto, el acuerdo con el FMI que el gobierno había anunciado desde sus primeros días no se realizaba.
El cambio de clima: comienza a partir de julio a vislumbrarse una esperanza. Y en buen parte ella viene del campo.
A mediados de año, se dispuso la obligatoriedad, por parte de los exportadores, de liquidar las divisas frente al Banco Central. A su vez, el contexto de incertidumbre había provocado una fuerte retención de granos por parte de los productores.
La nueva estrategia de astringencia monetaria, la obligación de liquidar divisas y el gran volumen de la producción agrícola aún sin vender permitieron un cambio de tendencia en el valor del dólar, estabilizándolo en alrededor de $3,6 por unidad de dólar.
¿Puede venir el rebote?
Pues bien, a partir de julio, se aprecia claramente cómo el valor del dólar tiende a estabilizarse en el orden de $3,55 por unidad de dólar.
La nueva normativa que exige a los exportadores a liquidar las divisas vía Banco Central, la retención de commodities agrícolas por parte de los productores junto al mayor precio internacional de éstos y, finalmente, el abrupto crecimiento en el saldo de la balanza comercial más la fuerte estrategia de absorción de fondos, con altas tasas de interés, practicada por el gobierno permitieron un cambio de tendencia en la paridad cambiaria.
Que nadie se llame a engaño: hoy por hoy, es la fuerte liquidación de divisas por exportaciones agropecuarias la que más está contribuyendo al proceso de estabilidad cambiaria y por ende de precios en toda la economía argentina. En los últimos cinco meses más del 60% del aporte de divisas al Banco Central están viniendo del sector agropecuario y la tendencia es creciente ya que en octubre cerca del 70% proviene del campo.
El cuadro de abajo es más que elocuente. Por ello, el campo deber tener en claro que su papel es relevante en el desarrollo general de la economía argentina. Y si hay esperanzas de salir de la crisis, es porque el agro está haciendo un aporte extraordinario.
La suba de precios en todos los commodities agrícolas observado desde junio de este año vino como anillo al dedo al gobierno. Sobre todo porque buena parte de la cosecha no había sido vendida por parte de los productores dada la elevada incertidumbre existente. Los desastres climáticos en las mayores zonas de producción en el mundo, explican la baja en los stocks granarios y, la apreciación varias de las monedas de Asia y del euro fundamentan tales alzas internacionales.
De esta forma, comenzó a reducirse la tasa de inflación mensual (que preocupaba a toda la sociedad, ya que dada la historia económica argentina, existía cierta seguridad sobre un futuro próximo de hiperinflación) y, así, el aparato productivo comenzó muy tibiamente a recuperar cierto movimiento de la mano del sector agroindustrial y de producción primaria.
El nivel inusitadamente bajo del crédito, para toda la actividad productiva afectó y afecta de forma contundente a su evolución; Ello más la incertidumbre es lo que no está permitiendo que ella capitalice los beneficios de la devaluación.
La falta de crédito tanto a los compradores como a los productores de maquinarias para que recompongan capital de trabajo o adquieran insumos está imposibilitando aprovechar la mejora de rentabilidad potencial a consecuencia de la devaluación. El problema es claramente grave para las empresas pequeñas y medianas puesto que las multinacionales pueden acceder al crédito de sus matrices internacionales.
Actualmente, y al menos desde el punto de vista financiero, la sociedad argentina atraviesa un tiempo de tranquilidad. Todo indica que en poco tiempo la Corte Suprema de Justicia pondría fin a los amparos judiciales contra el corralón. Y, además, en este tiempo, estos amparos se redujeron sustancialmente y con ello la salida de depósitos del sistema financiero.
Y los ahorristas que desde el 1ro. de octubre podían retirar hasta $10.000 de los bancos (por depósitos), liberados del corralón no lo hicieron mayoritariamente. Por el contrario, durante octubre sólo un 15% del total de los depósitos disponibles fueron retirados, quedando los mismos en cuentas a la vista o en nuevos depósitos a plazo fijo.
De cualquier forma, las previsiones respecto al comportamiento del PBI hablan de una baja cercana al 15% para el presente año. De hecho el FMI estima una caída del orden del 12%.
Justo resulta también remarcar que las estadísticas sobre el crecimiento desestacionalizado para el segundo trimestre de este año muestran una suba de casi 1%.
Existe, ahora, la posibilidad de lograr un refinanciamiento con los organismos multilaterales de crédito, a la espera de arreglos más definitivos, una vez en el poder las nuevas autoridades a partir de mayo..
Por ello, el cuadro de situación hoy por hoy en el país es de precaria, pero cierta, estabilidad.
Dado que el aparato productivo nacional se encuentra todavía en buenas condiciones y altamente subocupado, según sean las autoridades que surjan el año que viene, puede esperarse una rápida recuperación de su economía y una sustancial mejora en las condiciones de vida de su población, a partir del bajo nivel de la actualidad. Y así ubicarnos en poco tiempo, al menos, en el mismo nivel de PBI del año 1998.
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