Sin embargo, viendo las cosas desde el lado agropecuario, podemos apreciar que lo que hemos logrado en Argentina es más que envidiable.

Al tomar las rutas para el campo, se observa un manejo del suelo totalmente imprudente. De siembra directa no se habla porque directamente no se la conoce. Suelos desnudos y muy trabajados dan pena. Con las lluvias y el viento es visible cómo se mueven y deslizan por pendientes bien pronunciadas.

Las cosechas de trigo y maíz han terminado y los tractores se mueven en todas direcciones con sus arados hiriendo la superficie trillada.

Es al ver ello, cuando uno se da cuenta de que en nuestro país sabemos hacer las cosas en el campo. Y que si seguimos en este camino, sin duda saldremos victoriosos liderando la exportación de commodities agrícolas.

También se hace obvio, cuán artificial es buena parte de la agricultura, sobre todo la extensiva. Y cómo mucha gente está comenzando a poner en tela de juicio la estrategia de autoabastecimiento y exportación de alimentos desde Europa.

Pero, no todo es malo. En España llama la atención la importancia que tiene la calidad de cualquier producto alimenticio y el nivel de exigencia del consumidor. La gente esta tiene clara conciencia sobre la trazabilidad, como elemento fundamental para garantizar la seguridad alimentaria. Conociendo el origen y la trayectoria de un producto a lo largo de la cadena de producción y en cualquier fase de la misma, el consumidor se siente tranquilo. Como consecuencia de las crisis alimentarias de los últimos años, este concepto está profundamente diseminado en toda la sociedad, especialmente en el caso de los productos frescos que son sensibles a riesgos de la salud humana.

Para terminar, quisiéramos compartir con ustedes el orgullo que sentimos cuando para llevar una botella de vino a casa de unos amigos, encontramos una tienda con varias góndolas de vino argentino. Por supuesto que compramos el torrontés y el malbec.