Los altos precios, que hoy giran en torno a u$s 600 por tonelada, son fruto
de los graves problemas climáticos de EE.UU.
Las subas, de hoy y de los últimos días, revelan el temor de los mercados y
la propensión especulativa de los fondos acerca del futuro de la oferta
proveniente del hemisferio norte, luego de las magras cosechas del sur.
La oferta para el mundo debe enfrentar una demanda muy sostenida en un año de
escasez.
Pero donde la tensión entre la oferta y la demanda se patentiza es en el
cuadro actual. Y sobre todo en nuestro país.
Por ello, se advierte un gran diferencial entre los valores futuros y los del
disponible.
En el mercado local, la situación se agrava por la falta de opciones que la
economía argentina presenta a la hora de asegurarse de los fondos necesarios
para financiar en el tiempo la campaña recién iniciada.
La aversión lógica del productor a guardar dinero es algo que se extrema con
la imposibilidad de compra dólares, ahora claramente prohibida. Y la inflación
que supera ampliamente cualquier opción bancaria también promueve la retención
de mercadería.
A ello se une la actitud de precaución al momento de invertir. El productor
no está dispuesto a desafiar la lógica económica en un ambiente de negocios
enrarecido por las políticas económicas.
Las ventas, así en un cuadro de menor volumen cosechado, se realizan en
cuenta gotas.
Si lloviese en EE.UU. tal diferencial se reduciría sustancialmente. No hay
duda.
Pero, no necesariamente bajaría tanto el valor disponible. Lo haría,
seguramente. Pero en menor proporción que el precio futuro.
Porque la lluvia abriría una expectativa favorable de producción para fines de año. Pero no solucionaría la estrechez actual.
El aporte que puede hacer nuestro país es limitado ya que sólo restarían 12
millones de toneladas que aún no han sido entregadas para su comercialización.
Suponiendo una cosecha de aproximadamente 39,5 millones de toneladas,
quedarían cerca de 12 millones sin vender aún. A ello debe agregarse un volumen
próximo a 6 millones de toneladas que tanto la industria molinera como el sector
exportador han comprado "con precio a fijar". Sobre ambos volúmenes, el
productor podría capturar las mejoras de precios. Obviamente, el Estado también
lograría mejorar su situación financiera por los derechos de exportación
correspondientes a estos volúmenes.
En resumen, sobre estos valores realmente elevados, la especulación podrá promover una alta volatilidad.