Alguna estimaciones privadas ubican el avance de las siembras con un atraso de 15 puntos respecto de la campaña anterior y con un área proyectada de 3.5 millones de ha, muy por debajo del potencial triguero de Argentina y aún con posibilidades de decrecer, de no mediar señales favorables de parte del estado.

Los viejos problemas que acarrea el mercado de este cultivo, se han visto potenciados por el aumento de la presión fiscal, convergiendo en un escenario donde el productor, principalmente el pequeño, va declinando su intención de siembra. Por lo pronto, mucho de los productores que lograron cerrar con buenos números la campaña 11/12 y que valoran el manejo cumpliendo con la rotación harán un esfuerzo financiero, pero seguramente retirando hectáreas respecto de campañas anteriores. Si consideramos esta situación como representativa, es obvio concluir que un productor en peores condiciones económicas no sembrará y por lo tanto a gran escala es razonable esperar un fuerte descenso en el área implantada respecto de la campaña anterior. Lógicamente esto impacta directamente sobre la comercialización de insumos vinculados al movimiento normal de esta época de siembra. Esto ya se detecta en toda las zonas trigueras del país.

Paradójicamente y más allá de los partidos del centro oeste de BA (Tejedor, Henderson, Bolívar, Pehuajó y otros) donde las inundaciones del mes de mayo aún no dejan terminar la cosecha de soja y maíz, las condiciones hídricas son favorables. En algunos casos los problemas de piso subsisten pero evolucionan favorablemente hacia condiciones que definirían un escenario óptimo para el tránsito del cultivo durante el invierno. En general todo el núcleo triguero tributario de Rosario se en encuentra en buenas condiciones y con lluvias menores durante el invierno las sementeras lograrán sostener valores de humedad adecuados. El sudeste de BA está mayormente sobrado de humead. Incluso podría decirse que gran parte del sur de BA donde se hace hasta el 60 por ciento del trigo del país, refleja un estado hídrico óptimo. Descartamos, claro está los bajos inundados por las extremas lluvias del mes de mayo.

En conclusión, mientras el clima en el inicio de la campaña 12/13 es uno de los más favorables de la última década para la implantación de cultivos de invierno, todos los demás factores convergen para consumir el buen ánimo de los agricultores. Parece un desatino: al tiempo que la variable que concentra las mayores incertezas a futuro -el clima- se perfila favorablemente, las cuestiones que pueden resolverse modificando las políticas de estado, sesgan el potencial triguero del país.

  • Por CCA - exclusivo Agrositio
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