En esta larga siesta de los mercados locales, conviene hacer una reflexión de largo alcance sobre la soja.

Según las estimaciones de distintos orígenes y, fundamentalmente, del USDA, la producción mundial de esta oleaginosa llegará a cerca de 270 millones de toneladas.

La cifra es grande. Se trata de un crecimiento de alrededor de 34 millones de toneladas respecto a la campaña recién finalizada.

Sin embargo, y pese a la mejora en la producción estimada, el stock final seguiría siendo bajo.

Una mirada retrospectiva, nos da una idea clara al respecto. Veamos qué pasó en los años anteriores

Los números se basan en estimaciones de producción extremadamente optimistas. El USDA, concretamente, aguarda nuevos récord de producción, sobre todo en América del Sur. Este panorama, quizás ingenuo, se basa en un cálculo de rinde por hectárea sumamente alto.

Como sabemos, las cifras finales son condicionadas por múltiples factores, entre los que se destaca el clima.

Fíjense una cosa: el USDA estima para la Argentina un volumen de 55 millones de toneladas. Algo que no es fácil de alcanzar sobre todo si consideramos la atmósfera de negocios imperante tan negativa.

Además, nunca se logró tal producción.

Observemos, también, la forma de venta de la producción actual. Prácticamente finalizada la campaña, con un resultado próximo a 39 ó, con mucha suerte, a 40 millones de toneladas, la exportación y la industria han comprado hasta el momento cerca de 26 millones. De esta cantidad, 8 no tienen precio todavía.

No queda mucho, pese a todo lo que se ha dicho de retención de mercadería por parte del productor.

Y hay algo más… Vamos a EE.UU. Pese a la reducción de la superficie sembrada por el avance del maíz, el USDA espera un nivel de producción elevado. Algo así como 87 millones de toneladas. Aún con esta posible alza de producción, lo curioso es que continuaría el stock bajo.

Si los rendimientos esperados no se cumpliesen, el esquema de precios debería establecerse sobre valores más elevados aún.

Suponemos ello sobre la base de que la demanda seguiría sostenida en Oriente.

Es cierto que el “viento de cola” ha finalizado. Pero, también, es cierto que países como China e India, aún cuando tiendan a contraer su consumo general, no harían lo mismo con los alimentos, es decir con sus necesidades básicas.

Para entenderlo mejor, centremos nuestra atención en los granos de soja. De acuerdo al USDA, se exportaría a nivel global cerca de 98 millones de toneladas. De esta cifra, 61 millones de toneladas se destinarían a China. ¿Qué tal? Más claro, agua.

Y recordemos que China, no logra salir de su estancamiento en términos de producción. Desde hace varias campañas, su producción ronda en 14 millones de toneladas de soja.

Por ahora, el cuadro general está empañado por las noticias desalentadoras del consumo mundial centradas en la U.E. Pero una vez superados los problemas, aunque sea de manera momentánea, deberíamos ver la tendencia de mejora en los valores de los commodities agrícolas, con la soja a la cabeza.

El USDA prevé, por ello, un consumo mundial en alza. Para el caso del aceite de soja, calcula que habrá un consumo global récord, de casi 44 millones de toneladas.

Algo parecido, estima para la harina de soja. El consumo mundial sería de 182,3 millones de toneladas.

Vale destacar que el promedio de los últimos cuatro períodos es de 165 millones de toneladas anuales. Quiere decir que el consumo de harina de soja crecería en este nuevo ciclo más de un 10%, aún con las proyecciones de contracción o desaceleramiento global.

Nuestra opinión al respecto es que el USDA ha establecido, por el lado de la producción/oferta, proyecciones muy optimistas; y más o menos realistas, por el del consumo.

En tal caso, es lógico apostar a un escenario de precios firmes o en suba, para el mediano plazo.