Las llanadas superficiales del basalto se adornan con las flores de los macachines. Dicen los muy conocedores que el macachín rosado presagia inviernos secos y heladores, y el amarillo, húmedos y benignos. Veremos si se cumple el pronóstico vegetal: cada quien que lo observe en su pago.
Mientras, los carneros, venteando feromonas, persiguen al trote a las ovejas, y las vacas, muchas todavía con las crías al pie, chatas de gordas, se mueven mansamente, como elefantes en la sabana, con sus panzas cargadas con una nueva preñez.
Los ganados de todo tamaño y categoría comen a voluntad, acumulando músculo y grasa aprontando el viaje a frigorífico, o para pasar el invierno sin sobresaltos. Va a ser un buen año para la ganadería, parece. El agua en esta época ha sido fundamental para explicar la bonanza, ahora sólo cabe esperar que el invierno sea normal, vale decir frío, helador, con sus temporales, barro y poco pasto en los campos.
En estos momentos se definen las estrategias para enfrentar la temporada de escasez. Se deciden las inversiones en pasturas y, eventualmente, las suplementaciones a instrumentar, y sobre todo las dotaciones a manejar: la venta de la producción, los descartes, el ajuste de la carga a las disponibilidades físicas y financieras del establecimiento.
La introducción paisajística, y recreada en la obviedad, responde a una licencia de disfrute de la maravilla del campo cuando lo acompaña el tiempo favorable, algo no tan habitual como sería de desear. Pero veamos la producción y la economía.
Las pasturas
Los requerimientos actuales imponen la adopción de sistemas cada vez más intensivos de producción. La ganadería tradicional, básicamente desarrollada sobre campos naturales, con bajos índices de productividad, magros procreos, novillos de boca llena en la faena y hasta un cierto número de animales cuereados en el invierno, no tiene lugar con los valores de hoy de la tierra y los ganados.
La fórmula histórica para mejorar consistió en la implantación de praderas permanentes y mejoramientos extensivos con siembras de leguminosas en cobertura y fertilizaciones fosfatadas, pero en la última década se trastocó ese escenario.
Como puede observarse en el Cuadro 1, tanto las praderas permanentes como los mejoramientos de campo han retrocedido fuertemente en área luego de 2008, para más o menos estabilizarse en los últimos tres ejercicios. Si bien no se ha profundizado esa tendencia, no está claro que haya una reversión, aunque, como veremos, hay indicios que podrían estar anunciando un incipiente retorno a sistemas productivos basados en pasturas perennes.
El avance agrícola, con el consiguiente desplazamiento de los ganados de las zonas de mejores campos, está en el origen del fenómeno. Los establecimientos de las regiones donde se practicaba una ganadería pastoril en rotación con agricultura, como el Litoral Oeste, se han volcado a esquemas de agricultura pura, desplazando a los ganados a otras zonas del territorio, o relegándolos a las áreas que no pueden sembrarse, sea por el tipo de suelo o por la topografía del predio, como los bajos, las manchas pedregosas o superficiales, que en mayor o menor medida salpican todos los campos del país. Se quemaron las praderas y los semilleros, y se sembró soja, como cabeza de rotación con otros cultivos cerealeros, en el mejor de los casos.
En 2011 se sembraron menos de 330 mil hectáreas entre praderas permanentes y mejoramientos extensivos, una cifra que apenas cubre la reposición de un año normal, y está muy lejos de hacerlo cuando se descerraja una sequía importante, como la ocurrida en el verano del año pasado. De modo que, en este otoño, el stock de pasturas con leguminosas, praderas permanentes y mejoramientos extensivos en cobertura debe ser muy bajo.
Hace ya unos años que la siembra de estas pasturas, pretendidamente permanentes, viene siendo sustituida en parte por cultivos forrajeros anuales, avenas, raigrás, algo de cebada forrajera y, en el verano, sorgo y otras especies.
Los ganaderos han debido sobrellevar varios fracasos en los últimos años, debido a una serie de sequías que ralearon las praderas de especies valiosas y las poblaron de gramilla y otras malezas. La inversión en este tipo de pasturas no es menor, ronda los U$S 400 en el año de implantación y requiere otros U$S 200 anuales por el mantenimiento, por lo que su pérdida supone asumir un gravamen pesado.
Esto contribuye a explicar porqué los productores se volcaron preferentemente a sistemas de menor costo y de respuesta más rápida y segura, como los verdeos anuales, aunque a la larga estos no tengan ninguna ventaja frente a las praderas permanentes. Lo cierto es que hoy se produce con otra tecnología, que incluye verdeos anuales, reserva de forraje y suplementación con granos o subproductos agrícolas.
Aprovechar la fotosíntesis
Uno de los más conspicuos promotores de los sistemas tradicionales de pasturas y rotaciones agrícola–ganaderas, el Ing. Agr. Abner Prada ("Chiquito"), vastamente reconocido en el ámbito de la producción ganadera, autor de varios trabajos sobre el tema, el más reciente de los cuales es un libro que se llama justamente "Ganado, Pasto y Pastores", opina que el proceso vivido responde a varias causas y que no puede adjudicarse únicamente al avance de la agricultura la responsabilidad de la reducción del área de praderas, porque así como se fueron de una zona se podrían haber sembrado en otros lugares, algo que hasta ahora no ha ocurrido en la medida suficiente.
Sostiene que "hay factores culturales que están jugando, es muy sencillo el manejo de verdeos. Con la difusión de la agricultura es más fácil hoy sembrar cultivos anuales, es una modalidad agrícola más, hay contratistas y amplia disponibilidad de máquinas a la orden. Como no hay más siembras consociadas, las sembradoras ni siquiera tienen cajón para la semilla fina. La producción se hace con cultivos anuales, reservas de forraje, suplementación con grano. No está mal, pero se está perdiendo mucho con la falta de praderas".
"Por lo pronto, no se aprovecha de la mejor manera la energía solar. Cuando se utilizan cultivos anuales, hay meses en el año que la tierra está desnuda. Si tenemos una pradera permanente tenemos el espinel tendido: cuando viene la primavera temprana aprovechamos al sol con la máxima fotosíntesis. Pero además hay ventajas económicas y ambientales. Si las praderas son bien manejadas, tienen larga duración y el costo por unidad de materia seca es mucho menor que el de los cultivos más los suplementos que hoy se usan. Como ahora la carne y la leche valen, pueden usarse sistemas con costos más altos, pero si los mercados pestañean, como ya pasó, muchos esquemas productivos se vuelven inviables. Y en los aspectos ambientales, en el cuidado del suelo, la cobertura vegetal permanente es fundamental", afirma Prada, que reclama más participación de la academia, más investigación y más tecnología para apoyar estos sistemas.
Cambios en ciernes
Es probable que estemos a la puerta de un cambio. Así lo interpreta el Ing. Agr. José García, gerente comercial de Wrightson Pas, la principal empresa vendedora de semillas forrajeras de plaza. Habría un interés creciente por parte de los productores en la siembra de pasturas perennes, opina, aunque reconoce que las estadísticas no están todavía recogiendo ese cambio.
En los años recientes las rotaciones han tendido a anualizarse, con la utilización de verdeos estacionales –con raigrás, avena, sorgo–, pero ahora "hay una vuelta a las praderas, compuestas básicamente por gramíneas, con leguminosas de acompañamiento", que se habrán de sembrar atrás de la soja que se está por cosechar, explica.
"Por razones técnicas y de política de la empresa somos decididos partidarios de ir hacia pasturas perennes, por factores del interés económico del productor y del país, y también por razones ambientales: tiene que ver con las buenas prácticas agrícolas", remarca García a El País Agropecuario.
"Cuando se utilizan cultivos forrajeros anuales, hay momentos en que el suelo está desnudo, con muy poca cobertura, no sólo en los momentos anteriores a la siembra sino también luego de los pastoreos arrasadores a los que se someten los cultivos. Una pastura perenne asegura una cobertura vegetal del suelo en todo momento. Tiene que ver con la sustentabilidad del sistema productivo. Pero además hay un aspecto económico de actualidad: la relación de precios favorable para la instalación de praderas es inmejorable", afirma (ver Cuadro 3).
Inoculantes
En el mismo sentido, compartiendo la impresión de que habrá un aumento en el área de praderas, se manifiesta el Ing. Agr. Martín Lage, director de Lage y Cía, empresa pro-veedora de inoculantes para leguminosas y otros productos para semillas, y por lo tanto ubicada en un sitio privilegiado para observar la intención de siembra de estas especies. Las praderas y los mejoramientos, por definición, incluyen leguminosas.
Si bien advierte que todavía falta mucho para evaluar el resultado de la zafra, por cuanto puede estar percibiendo una demanda anticipada, expresa que "estamos encontrando una demanda más firme de inoculante que en los años anteriores, en los que predominaban los verdeos. Alcanzamos niveles de cinco años atrás", o sea de antes de que se produjera la caída del área.
"Hay cambios en las especies: menos Lotus corniculatus, el caballito de batalla tradicional, que se sustituye por alfalfa en gran medida, debido a los precios relativos y a la escasez crónica del Lotus en los últimos años. También hay una demanda muy fuerte de Lotus Rincón y Maku, para los mejoramientos de campo", puntualiza.
Lage destaca que además existe un aumento en la utilización de otras leguminosas de ciclo anual, por ejemplo el Trébol Alejandrino, como puente verde entre las siembras de soja, así como otros materiales de menor difusión por el momento, como el Trébol Persa, el Carretilla, el Balanza y otros. Pero este es otro tema, ahora estamos observando las pasturas perennes.
Por su parte, el Ing. Agr. José Juan Díaz, principal de Calister, se muestra cauto a la hora de realizar un pronóstico. La empresa se encuentra en una etapa de expansión, pero no le es posible definir si se debe al crecimiento de la demanda general o a un factor particular: un acuerdo con la semillerista Wrightson Pas para proveer semillas preinoculadas, lo que representó un importante aumento de las ventas.
No obstante, opina que "sin duda será mayor el área de siembra de pasturas, viene bastante mejor que el año pasado, pero viene atrasada, quizás porque hay mucho pasto". Tal vez la gente se confíe -aunque los pastos del verano son yesca con las primeras heladas-, o porque es más difícil sembrar sobre un colchón de pasto, y por eso se atrasan las siembras.
Hay cambios que permanecen: "Había una pequeña zafra para nuestra empresa con las siembras de praderas consociadas con trigo, que ha desaparecido", recuerda Díaz.
Semillas
Sin embargo, hay otras opiniones. Roberto Garese, principal de la semillerista Gepé, afirma que "hay campos que están dejando los agricultores y apuntan a hacer pradera debajo de trigo, para lo que van a comprar la semilla más adelante".
Garese destaca la muy alta demanda de avena y raigrás que hubo en febrero, para las siembras tempranas de verdeos.
Además, señala la favorable ecuación producto–costo, así como la buena situación de los lecheros, y la adopción bastante generalizada de un paquete productivo que incluye reservas forrajeras, fardos, bolsas y suplementos; todos factores que están incidiendo en la decisión de siembra de más o menos praderas.
Todos los proveedores de semillas y de inoculantes coincidieron en señalar la sustitución –en una medida apreciable– del Lotus corniculatus por alfalfa, debido a la diferencia de precios entre ambas especies. Una buena alfalfa de semillero vale en torno a los U$S 7, mientras que el Lotus cuesta U$S 11 el kilo.
También se observa una demanda intensa de Lotus Rincón y Maku, a pesar de la escasez crónica y del alto costo de la semilla, lo que indica una intención de realizar mejoramientos.
Precios y costos
El principal argumento para augurar un incremento de las praderas no es ecológico, ni de técnicas productivas, ni institucional: es económico, la relación entre los precios de los productos y los costos de implantación de una pradera favorecen claramente la inversión.
No es posible, desde hace algunos años, comprar campo, extenderse en vez de intensificar, como se decía antes, cuando costaba más o menos lo mismo sembrar una hectárea de pradera que comprar una hectárea de campo. Ahora, esta vale U$S 3.200 de promedio en todo el país, incluyendo los pedregales y campos flojos, aislados, o erosionados, mientras que sembrar una hectárea de pradera cuesta entre U$S 325 y U$S 500, según se haga en directa o con laboreo convencional.
El técnico del Plan Agropecuario, Ing. Agr. Carlos Molina, en presentaciones que realiza en estos tiempos en diversas localidades para colegas y productores, demuestra, con valores actualizados, la excelente relación de precios vigente entre productos y algunos insumos.
En la gráfica que muestra la relación del kilo de novillo gordo y del ternero con el costo de la hectárea de pradera se aprecia que la actual es la mejor de la serie: un poco más de 200 kilos de novillo gordo y poco más de 150 kilos de ternero (que van bajando a medida que avanza la zafra, porque el precio de esta categoría está subiendo en cada instancia de venta) para pagar la pradera. En 2009 se precisaban más de 320 kilos de novillo y casi lo mismo de ternero para cubrir el mismo costo.
Para sembrar actualmente una hectárea de Lotus Rincón se precisan unos 70 kilos de novillo, o unos 55 kilos de ternero, volúmenes bastante menores que los que se requirieron en los últimos años.
En el trabajo del Plan que expone Molina se observa cómo el kilo de novillo o el de ternero mejoran su relación con casi todos los otros insumos, aunque empatan con el gasoil y pierden por lejos con el precio de la mano de obra (salario mínimo rural), que se cuadruplica respecto al novillo y se triplica en términos de kilos de ternero en los últimos siete años.


