Cuando se analiza el comportamiento de las precipitaciones acumuladas a lo largo del trimestre de verano (diciembre-febrero) puede reconocerse que el mismo se caracterizó por mostrar fuertes anomalías pluviales, que en la región pampeana evolucionaron de una sequía que persistió a lo largo de la primera mitad del trimestre, con atisbos de recuperación en enero y un vuelco hacia la sobre abundancia de precipitaciones durante el mes de febrero, extendido luego a la primera quincena de marzo.
Para entender como hubo zonas que compensaron las anomalías que se sucedieron a lo largo del verano para alcanzar un patrón normal, es interesante dividir el verano en dos mitades. Los cálculos se representan en los dos mapas siguientes.
Como se puede apreciar, gran parte de la zona núcleo, pero en particular el norte de LP, centro oeste y noroeste de BA, como así también en muchos departamentos de ER, presentan una clasificación de precipitaciones que pasan de un extremo al otro de la escala. En algunos casos la anomalía positiva fue tan destacada, que disimula por completo la escasez de lluvia al mirar toda la estación (mapa de verano). Sin embargo desde el punto de vista agronómico el resultado que muestra el mapa de la primera parte del verano, está claro que tendrá su señal negativa en la producción granaría de este año, fundamentalmente en los cultivos que ingresaron a floración más temprano.
La secuencia de los dos mapas pone en evidencia que gran parte del NEA y el extremo sudoeste de la región pampeana, han sido las zonas más desfavorecidas. Por lo pronto el sudoeste se ha recuperado parcialmente en lo que va del mes de marzo, sin embargo el NEA mantiene una tendencia deficitaria de las precipitaciones, que con menor fuerza se mostró también en sectores agrícolas importantes del NOA.
El fenómeno La Niña, aun como un evento débil, debe ser considerado como una de las causas del déficit pluvial de la primera parte del verano. Este déficit ya se había expresado en corredores del sur de SF y noreste de BA durante noviembre, aunque la primavera tuvo en general un resumen pluvial satisfactorio, no sobrado pero que permitió avanzar dentro de un buen escenario hídrico para las siembras. El abrupto cambio que tuvo el patrón pluvial desde principios de diciembre, también se apoyó en condiciones negativas de escala regional que bloquearon de manera muy notable el ingreso de humedad hacia las zonas agrícolas continentales. Esto recién se modificó con el transcurso de enero, apreciándose primero una sobresaliente mejora en el centro oeste y noroeste de BA, para luego generalizarse sobre la zona núcleo. Este cambio se produjo mientras el evento La Niña se hallaba presente con la misma intensidad que durante la primera parte del verano.
Es evidente entonces, que si bien hay indicadores de escala planetaria (El Niño/La Niña) que bajo ciertas circunstancias pueden considerarse forzantes climáticos muy valorados como predictores estacionales, hay otros elementos de escala regional que generan conductas extremas en las variables principales (precipitación y temperatura), promoviendo un mayor grado de incerteza las previsiones estacionales del clima.
- Por CCA - exclusivo Agrositio
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