De acuerdo a los datos pluviales relevados en la zona algodonera principal podríamos decir incluso, que la falta de lluvias de febrero fue aún más notoria que la de enero. De este modo acabamos de transitar un trimestre de fuertes características deficitarias en la oferta de agua. Hay que recordar que hasta avanzado el mes de enero este panorama no se limitaba al NEA, sino que tomaba gran parte del área agrícola principal de Argentina. Durante febrero se observó una sobre oferta de agua en la región pampeana, compensada con una vasta zona deficitaria que claramente afectó al domo central chaqueño y a toda la zona algodonera en general.

Los sistemas frontales tendieron a volverse estacionarios en la franja central agrícola del país. Una vez que lograban avanzar hacia el norte, lo hacían en forma desorganizada generando actividad con mucha dispersión y en general con milimetrajes muy pobres. Es muy probable que las causas dinámicas que generaron las fuertes deficiencias pluviales de diciembre, se fueran debilitando progresivamente en enero hasta normalizarse en febrero, pero dentro de la región pampeana. El corte es evidente al ingresar a las zonas agrícolas del norte, comportamiento reflejado también en la zona sojera paraguaya y las vecindades de Brasil. La Niña pudo tener participación como causa de las deficiencias del NEA, pero no es el argumento exclusivo para justificar esta decepcionante performance pluvial. Su debilidad ha sido manifiesta desde el comienzo, lejos por ejemplo de la intensidad mostrada durante el año pasado. Por esto entendemos que deben haber convergido otros factores de escala regional que perjudicaron el normal desarrollo de los sistemas precipitantes de verano en la zona.

Por otra parte, las temperaturas del mes febrero definieron periodos de mucha exigencia ambiental, con máximas muy elevadas. Durante estos períodos también se concretaron fuertes entradas de humedad, por lo cual la sensación térmica fue muy agobiante en muchas jornadas. En el norte de la región pampeana y en general en el NEA los promedios mensuales se ubicaron por encima de los valores estadísticos, definiéndose allí una fuerte anomalía positiva de la temperatura máxima. Las mínimas también mostraron una tendencia a ubicarse por encima de los valores normales pero de manera mucho más contundente en el NOA.

Durante el mes de febrero, el enfriamiento del Pacífico central ingresó en un rápido retroceso. Este evento tuvo un máximo durante el mes de enero, el cual nunca logró superar la barrera del grado centígrado respecto del valor de neutralidad. Allá por finales de enero las estimación de la temperatura en la zona donde se definen los eventos ENSO (El Niño / La Niña), presentaba un enfriamiento de 1.2°C, marca que implica un apartamiento de la neutralidad de 0.7°C. Estas marcas no superan la categoría de evento débil.

Ingresando al mes de marzo aquel valor de 1.2°C de enfriamiento de finales de enero ha caído a 0.4°C. Tomando solo este indicador, podríamos decir que la situación actual ya es neutral, sin embargo, el conjunto de índices que se utilizan para definir el estado ENSO, aún mantiene una situación de Niña débil, por cierto irrelevante para la región pampeana.

Evidentemente la dinámica de los niveles superiores de la atmósfera sostiene su influencia desfavorable sobre el norte del país y esto no se vincula necesariamente a la presencia de La Niña. La transición estacional debería ser un período propicio para que finalmente se quiebre este bloqueo y la actividad aumente en el norte del país. Esto debería concretarse a partir de mediados de mes, no ya para cambiar el rumbo de la gruesa, sino para perfilar y eventualmente planificar como se ingresa a la campaña de granos finos.

  • Por CCA - exclusivo Agrositio
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