La evolución del monto de subsidios, a lo largo de los últimos años, registra claramente cómo éste crece en la década del noventa. Curiosamente, en la década de la globalización y la caída de trabas al comercio, son los países industrializados los que protegen su producción en desmedro de los emergentes.

Pero lo más perverso está en su forma de establecerse. ¿Por qué? Pues porque la brecha, existente entre el nivel de precios que reciben los productores subsidiados de los que se mueven con las reglas de mercado, depende de las perspectivas de las producción mundial y de los precios de los commodities.

Este mecanismo acentúa las crisis y por eso es tan perjudicial. Ahora los precios están mejorando, pero ello no debe dejar que se pierdan los esfuerzos realizados en las negociaciones. Por el contrario deben acentuarse, pues sabemos que los precios más altos tienen corta duración.

La observación histórica demuestra cómo a medida que los precios caen, suben los niveles de subsidios y viceversa. Este mecanismo contribuye deprimir los precios internacionales, pues cuando los precios bajan la producción de debiera caer pero no lo hace por aumento consecuente de subsidios y en consecuencia el mercado no puede operar para que en la siguiente etapa dichos precios suban. Así se conforma la trampa de aquellos que sólo se mueven dentro del mercado.

No habiéndose acordado limitaciones, dentro de las rondas de negociaciones internacionales, a las políticas de aliento a la producción interna, EE.UU. estableció un sistema de pagos deficitarios, sin compra gubernamental de la producción. Este mecanismo compensa la diferencia entre el Loan Rate y el precio del mercado en montos que normalmente superan u$20 por tonelada

Esta hábil estrategia fue en gran parte responsable de la depresión de precios en las oleaginosas -que por motivos básicamente climáticos hoy ha pasado a un tiempo de subas- por promover aumentos constantes de producción.

Como tampoco quedaron establecidas limitaciones sobre los programas de ayuda alimentaria y al financiamiento de las exportaciones, tanto EE.UU. como la U.E aprovecharon para sacar partido. Así, ambos bloques llevaron adelante programas de subsidios a las exportaciones bajo la forma de ayudas alimentarias y practicaron el financiamiento subsidiado de las exportaciones en reemplazo de los subsidios explícitos a las mismas.

Otro espacio aprovechado por el oportunismo proteccionista vino de la mano de la ausencia de limitaciones para los programas de ayudas por emergencias. Aprovechando tal espacio, EE.UU.ha entregado subsidios, por montos superiores que los que se dieron en el tiempo previo a la Ley agrícola al GATT.

El dumping y las excusas sanitarias, también, fueron una práctica usual durante muchos años. Como se dictaron normas claras de determinación, los países industrializados idearon todo tipo de trabas para imposibilitar la importación de productos a fin de proteger la producción local.

No es difícil advertir que los montos por subsidios no disminuyen. Se nota una vocación por eludir la libertad de comercio y no por eliminar los mecanismos de intervención. La década del 90 muestra una cifra promedio anual del orden de 350 mil millones por año en concepto de subsidios al agro otorgados por los países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).

Sólo en los años 1996/98 tal cifra se ubica levemente por debajo de tal nivel, cuando los precios internacionales alcanzan valores históricamente elevados, mientras que en los demás la supera siempre.

La tozudez de EE.UU., que se niega a dejar este papel proteccionista en tanto no hagan lo mismo sus rivales de la UE, asegura un camino difícil para nuestro negociadores. Mientras tanto, la guerra tiene perdedores y ellos son los productores genuinos que pueden ofertar lo suyo sin intervenciones.

Sin embargo, las últimas noticias muestran un panorama bien favorable para la exportación de productos diferenciados y carnes especiales, por lo que el mercado estadounidense es una gran oportunidad. Se trata de quebrar, poco a poco con marketing, calidad y continuidad de entrega estas prácticas que, a la larga, perjudican al propio consumidor norteamericano.