Pareciera que existe una suerte de soporte que impide mayores bajas en los precios, aún cuando el mundo financiero da tantas sorpresas.

Es cierto que los números de la U.E. son terriblemente preocupantes; pero, también, es verdad que no son peores que los de EE.UU.

Pese a ello, la demanda por liquidez se concentra en el dólar como reserva de valor. Porque en momentos de incertidumbre, la gente confía en la moneda de la primera potencia ecónomico-militar del mundo.

Así las cosas, la gente huye del euro. Y, a su vez, el gobierno chino no permite que el yuan se deprecie. Por eso, el dólar, en lugar de devaluarse, como sería esperable para mejorar la situación norteamericana, se revalúa.

Y esta noticia no es buena para los precios de la soja.

En este contexto, la demanda por soja está pasando un mal momento. Sin embargo debemos recordar que el actual no es más grave que el del año 2008.

En aquel tiempo, el valor de la soja pasó de un pico de USD 610 (junio de 2008) a un piso de USD 285 (diciembre de 2008). Una brutal caída.

Afortunadamente, una baja de esta dimensión no se ha registrado en los dos últimos meses. Y a juzgar por los indicadores, no habría mayor sustento para aguardar algo así, pese a que la posición comprada por los fondos financieros resulta todavía muy elevada.

En tal sentido, los operadores de tipo especulativo que existen en el mercado actúan en contra de los valores. Hasta tanto el cuadro financiero mundial no logre una mayor estabilidad, difícilmente estos especuladores reviertan su actitud. Porque se prefiere al dólar más que a los granos.

Si así están las cosas, la pregunta es… ¿por qué no caen aún más? La respuesta debería encontrarse en los fundamentals que siguen favoreciendo los precios.

La demanda sigue relativamente firme. Los principales compradores del mundo siguen activos.

Pero más que ella, hoy por hoy, el miedo por la oferta futura incentiva la formación de pisos y, más aún, la posibilidad de una recuperación de cotizaciones.

Los problemas que amenazan la oferta preocupan. ¿A qué nos referimos? Al clima en Sudamérica y sus consecuencias sobre la soja y el maíz. El cuadro se sintetiza así: maíces encartuchados, sojas recién implantadas bajo fuerte estrés, otras con inconvenientes de emergencia y otras aún sin sembrar.

Localmente la preocupación por el clima es fuerte. Y obviamente, los valores operan en consecuencia. Por ello, se aprecia un soporte en las cotizaciones ya que los productores básicamente son renuentes a vender.

Chicago lo está mostrando. El cierre del día 19 de diciembre resultó nuevamente, por ejemplo con subas para todos los futuros.

Es el resultado del temor por los rindes en Sudamérica frente al agravamiento de un clima demasiado cálido y seco. La preocupación es que se acentúe el impacto. Cada vez más dura, sobre La Niña entre enero y febrero, tiende a formar un piso en las cotizaciones. Y a provocar rebotes.

Se sabe de previsiones que toman como muy factible una reducción muy fuerte de lluvias en las principales zonas productoras, sobre todo en la zona central de Argentina, hasta mediados de enero.

Dado que América del Sur es gravitante en la formación de los precios, lógico sería esperar que los valores se desenvuelvan con acentuados cambios.