Una cruda percepción de los mercados sobre un agravamiento en el cuadro financiero europeo ha disparado la demanda de liquidez, a fin de adquirir maniobrabilidad para redestinar las inversiones financieras con agilidad.
De esta forma, se apura la liquidación de contratos. Y se acentúa la demanda de dólares como medio de pago y de reserva, ya que, en definitiva en un mundo de incertidumbre, la gente prefiere esta moneda pues tiene el respaldo de la primera potencia mundial.
Las finanzas y la necesidad de dinero en efectivo generan liquidación de contratos.
Las órdenes de venta de los fondos de inversión, así el ambiente, presiona a la baja del precio de la soja.
Y así, aún cuando comienza a preocupar la cosecha de América del Sur por la acción de La Niña, la realidad es que el temor inmediato a la crisis con epicentro en Europa, determina una fuerte acción vendedora.
Una vasta zona está afectada por sequía y en consecuencia el rinde, y aún la emergencia, de la soja peligra.
En este proceso, un papel preponderante le cabe al dólar. ¿Cómo explicar que el dólar sea el gran demandado, cuando en rigor debería devaluarse para mejorar las cuentas de EE.UU?
Recordemos que un dólar en suba implica la desmejora de precios de la soja, básicamente, porque la demanda pierde capacidad de financiación.
En distintas oportunidades se ha predicho una baja del dólar. Lógicamente debería ser así. Porque es lo que el gobierno de EE.UU. necesita, entre otras cosas, para disminuir la entrada de productos de China.
El gráfico proviene del USDA, con datos publicados a principios de año, cuando todavía el dólar no había comenzado a elevarse. Allí se muestra cómo el valor del dólar venía cayendo desde el año 2002. Y también se aprecia la proyección hasta el 2020. Como vemos, tal proyección es en baja.
Comportamiento del dólar en relación a las demás monedas y su proyección
Pero, la realidad es que desde febrero de este año, el proceso pasó a ser inverso y, así, el dólar ha seguido subiendo, al punto de alcanzar en estos días su máximo en el año.
Ello sucede, pese a los deseos del gobierno de EE.UU. ¿Por qué? Pues por los problemas de la U.E. que alejan a los operadores del euro y, en consecuencia se dirigen al dólar. Además, la otra gran moneda, el yuan, está sujeta a la intervención del gobierno chino que no permite que se revalúe.
De esta forma, el dólar, hoy por hoy, tiende a la suba. Pero es algo que debería cortarse ya que las necesidades y los problemas de EE.UU. exigen una fuerte, aunque gradual, depreciación de su moneda.
Distinto sería el cuadro si hubiese una mejora en el valor de las monedas de países como China e India. De ser así, el dólar se depreciaría y los precios de la soja mejorarían. Esta no es una mera posibilidad, sino que tal como está el mundo, vale afirmar que es el camino que deberán seguir las naciones.