La GEA (Guía Estratégica para el Agro) proyecta que la producción de soja en nuestro país llegaría a 49,5 millones toneladas, sobre un área de siembra de 18,8 millones ha, en base al rinde promedio de los últimos cinco años.
Según nuestra información, ya se habría sembrado cerca del 40% de la superficie y, en la zona núcleo, alrededor del 70%.
Es síntesis, el cuadro viene bien. El perfil de humedad se está recuperando, en líneas generales.
¿Cómo será la campaña?
Si el stock de arrastre llega a 2,5 millones, con esta producción la oferta alcanzará a 52 millones de toneladas. De esta forma, cerca de 9 millones irían a la exportación y 38,5 millones a la industria, para biodiesel, aceite y harinas. Y el resto, de 4,5 millones, debería quedar para stock final y para semillas y diversos usos.
Sólo por soja y sus derivados, al país ingresarán, en el ciclo, alrededor de 21.000 millones de dólares.
Es curioso ver cómo, pese a tan alentadora noticia, el dólar sigue siendo demandado como si fuese a faltar. Como si se quisiera escapar del peso. ¿Acaso no hay al menos 35 mil millones de dólares en el Banco Central?
Seguramente, la percepción general de un dólar que pierde poder adquisitivo frente una tasa de inflación del orden del 25% más la acción oficial de control -algo desesperada- sobre una base de tipo policial detona un fuerte temor sobre el poder de compra del peso, que se canaliza en la demanda desenfrenada de la divisa norteamericana.
No se entiende porqué, en este contexto de peligro cambiario, las autoridades no apuntan a reducir el derecho de exportación, para lo inmediato y en forma excepcional, a fin de acelerar la entrada de divisas.
Bien podría reducirse en escala decreciente, desde la fecha. Por ejemplo, 30% de derecho, hasta el 30 de noviembre; 31% hasta el 10 de diciembre, 32% hasta 20 de diciembre, y así sucesivamente, para el grano sin procesar. Para los productos industrializados, se podría aplicar una tabla similar,
En el plano internacional, el informe del USDA no logró modificar el comportamiento negativo. En este sentido, mucho pesó la expectativa de menores exportaciones por parte de EE.UU.
Sin embargo, deberíamos tomar nota de que, aún cuando la competencia próxima de los productores de América del Sur, va a ir creciendo, la realidad es que tenemos por delante una campaña signada por “La Niña”, hecho al que pareciera que el USDA no ha tomado con demasiada preocupación, a la hora de establecer estimaciones de producción.
Las voces de alerta de los climatólogos en relación a este fenómeno debiera ser motivo de presupuesto en los escenarios futuros.
Por ende, insistimos en el hecho objetivo de que la oferta -a nivel mundial- sigue mostrándose estrecha.

Si en lugar de que Brasil produzca 75 millones de toneladas y Argentina, 52 millones, se verifica una producción de algo menos, por ejemplo, de 70 millones para el primer caso y de 48 millones, para el segundo, el balance se haría muy delicado.
La realidad es que el margen de oferta y demanda tiene un horizonte
preocupante, mucho más ahora que el precio del maíz crece.
La demanda de alimentos balanceados, en buena parte, está dejando de buscar maíz para reemplazarlo por soja. Por ello, se advierte una fuerte corriente por demanda adicional de harina y pellets de soja, sucedáneo natural del maíz en la ración de alimentos balanceados.
En fin, el panorama de precios tiene visos de mejora. Quizás, más que el dólar… Por lo menos, si el gobierno no continúa con medidas que, en lugar de calmar, producen alarma.