Lo contrario ocurre con las crisis. Veamos la situación de las principales variables en 2011.

1) Los salarios formales en dólares son más altos en un 25% en relación a la convertibilidad y tres veces mayores que en 2002. Los que tienen salarios informales ganan poco, pero muchos de ellos reciben subsidios que les permiten sentirse bien con el Gobierno. El desempleo bajó significativamente por el crecimiento económico de modo que el sector asalariado está tranquilo con el Gobierno. Además, el crédito para consumo también aumentó mucho.

2) Se han agregado unos 2.600.000 jubilados, sin aportes, que también están agradecidos. Al igual que los padres que reciben la prestación universal para sus niños (casi dos por familiar titular en promedio).

3) Las ganancias de las mayores 500 empresas del país están en u$s 20.000 millones por año en 2010, cuando en la década del 90 se ubicaban entre u$s 5.000 y u$s 9.500 millones, un promedio anual de digamos u$s 7.000 millones. En otras palabras, están en el triple que en la década anterior. Hay que tener en cuenta que los balances no se ajustan por inflación, lo cual abulta las ganancias, pero de cualquier forma, la cifra es importante. Si bien el empresariado puede ser crítico de palabra en privado y además sabe que la actual situación puede ser no sostenible, piensa para sus adentros que, por el momento, no quisiera muchos cambios.

4) Los del campo ven aumentar el valor de sus propiedades cada día. La tierra sojera o maicera que desde hace muchos años y hasta el 2004 estaba alrededor de 2.000 u$s/Ha hoy se ubica en 15.000 u$s/Ha y lo mismo para la tierra destinada a otros cultivos o a la ganadería, que han aumentado en igual proporción. De esta manera, mientras haya retenciones al agro no habrá una buena relación con el Gobierno, pero la situación descripta disimula muy bien los problemas y pocos quisieran algún cambio en este sector.

Con estos datos podemos concluir que "billetera mata oposición" y al oficialismo es muy difícil ganarle. Además, la oposición esta muy atomizada y sin propuestas, pero ese ya es otro tema.

Después de las elecciones, desafíos

Finalizado el proceso eleccionario, y suponiendo que la crisis global no afecte demasiado a nuestro país, inmediatamente hay que ponerse a pensar cómo corregir los desvíos que se han producido en algunas variables macroeconómicas.

1) Gasto público consolidado. Ha crecido más de lo recomendable (estaba en el 28% del PIB en 2003 y ahora está en el 45%). Hay que bajar el gasto, lo que podría empezar a concretarse disminuyendo los subsidios sectoriales que son muy altos. No es fácil bajar el gasto, pues siempre es una medida impopular.

2) Moneda e inflación. Mientras el gasto público sea tan alto no alcanzarán los impuestos explícitos para financiarlo y se tendrá que recurrir a distintas formas encubiertas de ingresos, como el impuesto inflacionario, reflejado en la expansión monetaria nominal de medios de pago. La suma de los billetes y monedas más las cuentas corrientes más las cajas de ahorro, es decir M2, está creciendo a un ritmo de 38% anual. Esto implica una presión inflacionaria alrededor del 24% anual. Tener una política anti-inflacionaria es y será muy necesario, dado que más de 3-4 % de inflación anual es considerado riesgoso, pues con el tiempo deteriora los salarios reales y el consumo y, por lo tanto, la actividad y la ocupación.

3) Tarifas y precios regulados. Están demasiado alejados de los costos de producción y significan un fuerte desincentivo para aumentar la oferta correspondiente. Esto aumenta considerablemente el gasto público, dado que la diferencia entre el costo (alto) y los precios de venta (bajos) de estos bienes y servicios regulados se cubre con subsidios estatales. Además, estamos importando demasiada energía por este motivo, lo que perjudica el balance de divisas. En lo interno, por lo barata que está, no ahorramos ni siquiera agua, que es tan escasa en el mundo. También tenemos problemas con las tarifas de transporte, ya sea subte, colectivo o tren, que no cubren ni el 30% del costo. El sendero de mejora de estos precios regulados debe ser anunciado de inmediato.

4) El tipo de cambio real. En los últimos 3 años, para frenar un poco la inflación, no se ha corregido en proporción a los costos internos lo que ha favorecido la competencia importada y ha dificultado la exportación, no sólo de productos industriales del interior del país, como frutas preparadas y vinos, sino de productos industriales básicos como autos.

5) Impuestos distorsivos. El impuesto al cheque deriva muchas transacciones a la economía negra, así que se debería empezarse a reducirlo significativamente. También las retenciones al agro son consideradas un impuesto de este tipo, por lo que tendría que definirse una política de largo plazo respecto de las mismas. Ya han pasado 10 años de la crisis del 2002, que se utilizó para justificarlas. Hoy ese motivo no existe.

Puede haber algunas otras variables a corregir, o como explican algunos economistas cercanos al Gobierno, "se requiere un service del modelo". Lo importante es tener una política explícita sustentable respecto a todas las variables significativas y efectuar las correcciones necesarias. Y como dice la canción de Atahualpa, //con los tumbos del camino// se entran a torcer las cargas// pero es ley que en huella larga// deberán acomodarse// y aquel que llegue a olvidarse// las ha de pasar amargas-