El peronismo de Córdoba, luego de la rotunda victoria de José Manuel de la Sota, ratificó su lista de diputados para las internas abiertas del domingo y dejó en libertad de acción a sus simpatizantes frente a la elección presidencial. Hugo Moyano, el jefe de la CGT, se reunió por más de una hora con Hermes Binner, candidato socialista y gobernador de Santa Fe.

El destino de ambos correos pareció ser el mismo: Cristina Fernández.

Está claro, por una parte, que se va consolidando, más allá de la encuesta nacional del próximo domingo y de la elección definitiva de octubre, una corriente peronista dispuesta a ponerle límites al kirchnerismo. Y a intentar sucederlo en el 2015.

Nadie podría creer, en cambio, que la CGT vaya a mutar su identidad histórica por una repentina adscripción al socialismo. Pero ambos fenómenos combinados, ahora y más adelante, podrían tener alguna traducción en la cantidad de votos que necesita la Presidenta para lograr la reelección sin balotaje.

De la Sota pareció haber dado incluso un paso más del esperado. Ratificó su propia lista de diputados que refleja la ruptura provocada con la Casa Rosada. Pero su ministro de gobierno y jefe del PJ provincial, Carlos Caserio, fue explícito al referirse a la libertad de conciencia para el domingo. Colocó en pie de igualdad a Cristina, Eduardo Duhalde y Alberto Rodríguez Saá. Todos peronistas, según ese consejo. Una afrenta imperdonable para los K.

La decisión no constituyó sólo un reto a la Presidenta. Tuvo que ver también –y mucho– con una inmersión de realismo de De la Sota y del actual gobernador, Juan Schiaretti. Nunca el gobernador electo hubiera triunfado del modo que lo hizo –con 12 puntos de diferencia sobre Luis Juez– sin haber barrido a fondo al peronismo. Tampoco hubiera llegado al caudal del 42% sin un aporte clave: el voto del interior de Córdoba.

El voto del campo . Ese mérito corresponde, en buena proporción a Schiaretti.

El gobernador fue, durante el largo e irresuelto conflicto que se inició en el 2008, el único peronista con poder que se plantó a los Kirchner. Hubo otros que también lo hicieron pero desde un lugar menos peligroso: el caso de Carlos Reutemann, en Santa Fe. El riesgo en esa provincia fue para Binner y pareció pagarlo en la elección donde Antonio Bonfatti le ganó con susto a Miguel Del Sel. Para el líder socialista fue difícil lidiar con Cristina y, al mismo tiempo, contener un conflicto que le desquició las arcas provinciales.

De la Sota y Schiaretti se comportaron en tándem. El éxito les concedió el margen para consolidar al peronismo provincial, donde l os K distan de ser una expresión mayoritaria . La situación electoral en la provincia sería, además, tan volátil como la del resto del país. Según un relevamiento realizado en las 48 horas posteriores a la elección en la provincia, sólo el 49% de los ciudadanos manifestaron su vocación de votar el domingo. El resto osciló entre la desinformación y la incredulidad.

En ese mismo trabajo, algunas informaciones previas variaron. Cristina, por ejemplo, seguiría a la cabeza de las preferencias pero del 41% de intención de voto que registraba descendió a 27% . En sólo dos días. Algo no anda bien en las encuestas o el ánimo popular parece virar –como se vio en Santa Fe– con asombrosa facilidad.

Otra sorpresa poselectoral de Córdoba, que deberá verificarse en las urnas, sería el segundo lugar para Binner . Estaría reuniendo cerca de la mitad de los votos que obtuvo Juez para gobernador. Muy pegados estarían también Duhalde, Rodríguez Saá y Ricardo Alfonsín.

¿Le habrá ayudado a Binner, para sostener esa posición hipotética, su encuentro de ayer con Moyano? Al interior del Frente Amplio Progresista provocó algo de escozor, porque en esa construcción está la CTA. Está, entre otros, el histórico Víctor De Gennaro. Pero así como nadie creería en una metamorfosis de Moyano tampoco sería posible creerla en el gobernador. La campaña obliga y la inminencia del ensayo electoral, también.

¿Francisco De Narváez constituyó un escollo insalvable para el armado de Binner con Alfonsín y ahora Moyano no? La respuesta al interrogante resultaría obvia.

El jefe de la CGT pudo mostrar del brazo del socialista una generosidad política que, en la palabra y en la acción, no acostumbra a poseer . Pero expresó, de esa manera, su enojo con Cristina y el kirchnerismo que no le dieron en el juego electoral el lugar que esperaba.

Faltan cuatro días para las internas. Luego del domingo se sabrá cuánto pudo valer cada gesticulación.