Lo que el mundo está atravesando no es otra cosa que una gran crisis por sobreendeudamiento, por parte de los países importantes, los más desarrollados.

Es el resultado de haber asumido deudas por encima de sus activos; de sus posibilidades. Una situación así, en países desarrollados, adquiere una dimensión particularmente grave.

Cuando las deudas no son en términos mundiales muy elevadas, como es el caso de países de menor importancia como la Argentina, es posible tomar el camino del default para arreglar la cosa.

Pero cuando se trata de deudas gigantes, que provienen de ahorros de miles de millones de personas, la solución fácil no es viable.

Por eso, EE.UU. ha tratado de recuperar el valor de los activos mediante una acentuada rebaja de las tasas de interés, un proceso paulatino de depreciación de su moneda y un plan de promoción del consumo vía aumento del gasto público. Pero ello no está dando resultados.

El cuadro es relativamente semejante en la Unión Europea. Acá el sobreendeudamiento es también público. No es sólo privado.

Una difundida política del bienestar para los países, tanto para los más prolijos como para los menos prolijos, pudo ser sostenida mediante endeudamiento, con fondos de los ahorros del público y de los futuros jubilados, a través de los bancos europeos.

Para arreglar el desguisado, los países más avanzados –junto al FMI y al Banco Europeo- están tratando de financiar la deuda de Grecia y de comprar la deuda de los países de la U.E. en situación grave. Por ahora, los aportes lucen insuficientes.

Así el cuadro mundial, los operadores, en respuesta a la presión de los ahorristas e inversores, tienden a salir de donde están. Con el ánimo por el piso, el problema se acentúa.

Hábiles conocedores de la mecánica financiera internacional, los grandes participantes de los mercados de commodities agrícolas han comenzado a retirarse, con los fondos actuando como vendedores. Y la consecuencia, se siente en los valores.

Sin embargo, no es el fin del mundo, ni mucho menos. Con fuertes vaivenes, el problema se irá solucionando con el tiempo.

Mucho más razones tienen los commodities agrícolas que otros para vislumbrar un panorama más alentador. En definitiva, no sólo son elementos de reserva de valor, sino también de consumo.

Mientras tanto, el clima juega a favor de los productores del hemisferio sur que podrían beneficiarse con mejoras de precios. No en lo inmediato, seguramente.

¿Por qué? Los verdaderos fundamentals están de parabienes para los precios. Sobre todo para los del maíz. El agobiante calor que ha azotado la región maicera en EE.UU. está dejando secuelas. Todavía no se puede cuantificar el cuadro, pero existe una expectativa poco alentadora en materia de rinde unitario.

Vale observar que el maíz es el que está resistiendo mejor el embate financiero y ello es porque el nivel de stocks es comprometido y el cuadro en el hemisferio norte resulta más que delicadazo para los rindes

Respecto a la producción de soja en EE.UU, vale también tener gran recaudo porque un gran porcentaje del cultivo está pasando la etapa de formación de vainas. Así que el clima juega a favor de los precios.

No es tiempo de pánico. Lo que, en estos últimos días, ha operado es el temor sobre las perspectivas de crecimiento mundial, sobre todo a partir de la baja de calificación hecha sobre EE.UU. Obviamente, la gente se asusta. Por ello, el valor del petróleo tiende a la baja.

Así, es lógico que los valores granarios busquen nuevos pisos.