Potencias como China, India y Brasil, y regiones con necesidades de mejorar su alimentación como Africa ponen de manifiesto que la Argentina tiene una oportunidad inmejorable para aprovechar.

Esos mercados presentan excelentes condiciones para acelerar el proceso de agregar desarrollo a los granos y a las carnes. No tienen la sofisticación y el elevado nivel de protección arancelaria de los países más desarrollados y cuentan con una demanda estructural de largo plazo. Pero claro, para llegar a ellos se requiere de un esfuerzo político y económico, además de contar con reglas previsibles para el mediano plazo. En ese esfuerzo no tienen mucho sentido las consignas vacías de sentido que, cada vez con más frecuencia, se escuchan respecto de la necesidad de "agregar valor a la producción". Es obvio que al país le conviene más exportar productos que se coticen en US$ 1500 la tonelada que en US$400, ya se sabe eso. La cuestión es cómo llegar a esa meta. "¿Se va animar una pyme a poner un producto en góndola si el mercado de los envases está cartelizado?", se preguntaba en estos días un consultor de empresas. "Si no hay financiación de largo plazo, como sucede en Brasil, es difícil que las empresas argentinas se embarquen en un proyecto exportador", explicaba el mismo consultor hasta no hace mucho tiempo funcionario.

En el mismo sentido habría que preguntarse si el país puede convertirse en un proveedor confiable si para embarcar una tonelada de cualquier producto hay que pasar por un número creciente de firmas de funcionarios del Estado. Ese esquema, se ha comprobado, es una fuente inagotable de recursos para quienes están acostumbrados a vivir del esfuerzo ajeno. Desarmar la maraña de regulaciones facilitará el esfuerzo exportador. Con una visión de largo plazo lo advirtieron esta semana los ex secretarios de Agricultura. "Ningún productor va a querer agregar valor a los granos, como pide el Gobierno, si no puede exportar y vender libremente, y, además, tiene que lidiar con una gran cantidad de controles", dijeron durante una presentación realizada en la Asociación de Dirigentes de Empresa (ADE). Esto no significa proponer un "modelo agroexportador" que atente contra la "soberanía alimentaria". Es justamente lo contrario: el mercado interno y el externo no son contrapuestos, se retroalimentan. Alcanza con repasar la historia de las grandes empresas de alimentación de Europa o Estados Unidos para entender que primero conquistaron a sus consumidores y luego se expandieron más allá de sus fronteras. En la Argentina, salvo escasas excepciones, esa misma historia muestra períodos de apogeo y declinación por la inestabilidad crónica de la economía y de la política.

La presidenta Cristina Kirchner insiste en la necesidad de "agregar valor en origen". Anteayer, frente a un auditorio de industriales metalúrgicos dijo que había que alcanzar una "ruralidad industrial". Es difícil no coincidir con el planteo teórico, pero si se contraponen esas palabras con las medidas adoptadas durante su mandato, que favorecen exactamente lo contrario, esa argumentación se vacía de contenido.

Pocas horas antes de que la Presidenta exhibiera su particular visión, en las rutas de Entre Ríos volvieron a verse productores rurales. La Mesa de Enlace provincial, que trabaja unida, promovió una jornada de protesta para advertir sobre la brecha cada vez más grande que se registra entre los precios que pagan los consumidores y los que efectivamente reciben los productores. Se repartieron volantes para informar a la población sobre la distorsión en los mercados de lácteos, algodón, cerdo, cítricos y trigo. Tuvieron el apoyo de la Mesa de Enlace nacional, con la presencia de los presidentes de la Federación Agraria Argentina (FAA), Eduardo Buzzi, y de la Sociedad Rural Argentina (SRA), Hugo Luis Biolcati. Ruralistas y federados advirtieron sobre la creciente concentración y la falta de transparencia en los mercados. Las mayores críticas fueron para el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, y para el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli, que, curiosamente, esta semana intentó exhibir un gesto en favor del campo. Le solicitó al gobierno nacional, mediante una carta del ministro de Asuntos Agrarios, Ariel Franetovich, que autorice la liberación de las exportaciones de trigo corrigiendo la fecha para registrar los granos. Esa gestión fue interpretada como "tardía" por quienes vienen reclamando hace muchos años una actitud más firme de las provincias frente al gobierno nacional con la intervención sobre los mercados. Es que después del resultado de los comicios de Santa Fe, el campo parece haber resurgido como factor electoral.

RESUMEN

4,4

Millones de hectáreas
Se implantaron con trigo

LA FRASE

"Puede que Julián Domínguez sea buen tipo, pero los problemas siguen siendo los mismos"

Christian Gribaudo
Diputado nacional (PRO-Buenos Aires)