¿Realmente
puede creerse al Secretario de Agricultura, si el mismísimo jefe del ejecutivo,
en reiteradas ocasiones, borró con el codo lo que con su mano dejó
comprometido,?
¿Cómo
confiar en lo que expresa un funcionario de segundo nivel?.
¿Hasta
que punto tiene fuerza alguna para definir estrategias de tan alto vuelo, como
las de las retenciones a la agricultura?
Sobre
el futuro nivel de las retenciones hay temores en el sector de un nuevo ajuste,
según reconoció el titular de la Rural de Jesús María, Miguel Ángel Picat,
el Secretario de Agricultura Haroldo Lebed volvió a descartar esta alternativa,
tal como lo había hecho el propio Ministro Lavagna tiempo atrás.
Insistió,
en cambio, en que “es bueno trabajar en las economías regionales, pensando en
cómo se puede gradualmente ir pensando en darle beneficios fiscales a los
productores”. .
La
tentación a recurrir a soluciones de corto plazo, fáciles y llevaderas, a
costa de los ingresos del campo y, lo que es peor, en contra de toda previsión
que permita planear un negocio de mediano y largo plazo es tan grande que
resulta de muy poca tranquilidad lo que pueda decir el Secretario de Agricultura
de la Nación.
De
mantenerse la tendencia alcista y de firmeza en los precios agrícolas, las
retenciones agropecuarias son una tentación muy grande para el desbocado
gobierno.
Se
estima que el déficit fiscal llegará para fin de año a un monto de
aproximadamente $5.600 millones de pesos. Y para finales del año 2003 un monto
todavía superior (se calcula un 20% más alto).
Resulta
increíble que se llegue a un monto tan alto cuando se ha dejado de pagar los
intereses de la deuda que son de 11.793 millones de pesos, por un lado.
Y
por otro, la inflación alta ha permitido mejorar la cobranza de impuestos sobre
todo de IVA que han crecido por efecto de la suba de precios.
Y a todo ello, debe sumarse los resultados de una campaña con un nivel de retenciones superior a 20% para la mayor de los productos agrícolas.
A
esta altura del año, el gobierno ya ha tomado debida nota de que la situación
internacional es muy favorable.
La
producción granaria está muy afectada por las sequías sucedidas en el
hemisferio norte, los stocks mundiales son muy bajos y el tipo de cambio a nivel
internacional es más bajo en la mayor parte de los países importadores.
Con
este cuadro, lo que se vislumbra es un panorama de precios muy firmes y,
seguramente, en suba.
En
tal caso, la probabilidad de que las retenciones sean elevadas para llevar
mayores recursos al insaciable fisco es muy alta.
Hay
que estar atentos frente a la posibilidad de ventas, en un momento de precios
elevados.
Los
cuadros que siguen dan una muestra de ello.
Maíz
foto1out
Observando
el Precio FAS a moneda de hoy, se aprecia cómo los valores del maíz han subido
desde julio, justo cuando comenzó la siembra de este grano.
La suba es realmente fuerte, y responde a la percepción mundial sobre la baja
oferta que habrá a nivel internacional por la sequía americana.
También
puede advertirse cómo se mueven muy por arriba de los niveles de años
anteriores.
Soja
foto2out
Los
precios FAS de nuestro país, a moneda constante de hoy, muestran una evolución
realmente favorable. En menos de siete meses, en términos de moneda constante,
los valores se duplicaron.
¿Es
buen momento para vender? ¿Y si aplican un aumento de retenciones?
¿Qué
pasaría?
¿Cómo afecta la
devaluación en Brasil los precios de la soja y el trigo?
Respecto a ello, vale
recordar que Brasil aporta casi el
25% de la producción mundial de soja. Es el segundo productor del mundo. A su
vez, mantiene el segundo lugar como exportador mundial de haba de soja y de sus
derivados.
Con
relación al trigo, su rol es exactamente opuesto. De gran productor mundial
exportador pasa a ser, junto a Japón y Egipto, primer importador del mundo.
En
lo referente a soja, por el lado de
la oferta y, a trigo, por el lado de la demanda internacional, Brasil juega un
papel relevante en la formación de los precios internacionales.
Siendo
así las cosas, lógicamente, tanto el precio de la soja como del trigo han de
verse visiblemente afectados por la devaluación del real.
En
el caso de la soja, habida cuenta de la mejora de competitividad internacional
brasileña, lo lógico es considerar a la devaluación como un factor de
baja en los precios internacionales de esta oleaginosa.
Para el trigo, la cuestión
es diferente. La devaluación también repercute pero lo hace sobre el precio
interno del grano haciendo, en consecuencia, menos conveniente toda importación.
En tal caso, lo previsible es que la devaluación actúe como factor bajista en
el precio internacional del grano.
Estos
factores tienen cierto peso, pero obviamente, no repercuten tan fuertemente cómo
lo hacen cuando hay hechos climáticos duros como los del hemisferio norte.
El clima viene de
parabienes para buena parte de la zona agrícola.
El
INTA prevé una primavera plena de agua, un verano con lluvias normales y un otoño
que tal vez registre exceso de precipitaciones.
Las
condiciones meteorológicas beneficiarían la evolución de cultivos como sorgo,
maíz, soja, girasol, y asegurarían buenas posibilidades de desarrollo para los
cultivos de invierno.
Este
panorama, sin embargo, no será homogéneo. Algunas áreas que ya acumulaban
excesos de agua de años anteriores y que no tienen posibilidades de absorber ni
siquiera lluvias de niveles normales, estarán seriamente comprometidas si las
precipitaciones vuelven a concentrarse allí.
Convivirán,
como en 2001, sectores de muy alta productividad con sectores afectados por
anegamiento y otros que sufrirán déficit hídrico en un año con influencia
del fenómeno del Niño.