Desde la perspectiva de la gruesa, cuya siembra se viene en breve, el mercado mundial permite un panorama alentador. Y no sólo en soja, también en maíz.

El clima caluroso ha golpeado el estado de los sembrados de EEUU. Una entrada de calor sobre la región agrícola ha estado afectando los cultivos.

El fenómeno ha irrumpido en medio del período crítico.

Como sabemos tanto el maíz como la soja fueron implantados con fuertes demoras.

Hoy por hoy, la mayor parte de la soja está en floración, lo que muestra un atraso considerable respecto a otros años. La formación de vainas, un momento delicado para la productividad, recién comenzaría a mediados de agosto, también con retraso. Ello implica un riesgo superior al normal.

En este cuadro, debemos esperar una elevada volatilidad en los precios. Sobre todo en los valores del maíz que, en definitiva, resulta ser el más sensible a la escasez de agua, pues ahora que está en polinización necesita un determinado nivel de precipitaciones.

Pero la incertidumbre tampoco es resorte exclusivo del ámbito internacional.

También en nuestro país se cuecen habas. Acá, la cosa tiene sus ribetes. Sobre todo en lo referido a la política de intervención de los mercados; y no sólo del maíz sino, también, del trigo.

Obtener un precio muy por debajo de lo que debería marcar el mercado local no resulta negocio para nadie. Y esto es lo que pasa, por la acción oficial, con el maíz y el trigo.

Pero, desde ayer, es posible que el Gobierno abra una puerta a la racionalidad. Las expectativas al respecto han mejorado.

La durísima derrota de Rossi, seguramente, no quedará en la nada. No olvidemos que él ha sido la cara más visible en el conflicto de 2008.

Con apenas un 22% de los votos, Rossi quedó muy atrás respecto a Bonfatti y Del Sel. Y para peor, el triunfo de María Eugenia Bielsa, quien no está pegada a las directivas del Gobierno Nacional, también fue contundente. Logró imponerse como diputada con 543.000 votos, apenas 74.000 votos por debajo de lo obtenido por el gobernador electo Bonfatti.

Una lectura más o menos racional de estos números indicaría que el campo está enojado con la política agraria que emana desde el Gobierno central.

Una provincia de profunda raíz agropecuaria, como es Santa Fe, acaba de mostrar cómo tal enojo se plasma en votos.

Levantar la veda a la exportación de maíz (y aún de trigo) no es tarea compleja. Para nada. Y los frutos de tal medida, en materia electoral, serían considerables.

Se descomprimiría, en gran parte, el mal humor existente. Todavía hay tiempo para reprogramar la siembra de maíz, y existen cuantiosos volúmenes de trigo sin vender.

Este es un cuadro que seguramente será considerado, una vez que pase la tormenta.

Si las autoridades guardan un mínimo de racionalidad en este tema, deberían considerar un replanteo.

Por lo tanto, hoy tenemos más esperanzas para aguardar una liberación de los mercados. Algo para evaluar… ¿no?