La nueva línea férrea de Iriacu, en Brasil, llevará la soja a un puerto con destino a China. Los funcionarios de esta región agrícola se resistieron a venderles los cientos de miles de hectáreas que ansiaban comprar. Irreductibles, los chinos siguieron otra táctica: entregaron créditos a los productores y potencialmente triplicaron la cosecha de soja que alimentará luego los pollos y cerdos chinos. “Necesitan de la soja como ningún otro país”, sostiene Edimilson Santana, productor en un pueblito de Iriacu. “Este podría ser un nuevo comienzo para nosotros”.
El acuerdo por 7 mil millones con Brasil -para producir seis millones de toneladas de soja al año- es uno de los tantos suscriptos recientemente: China se apura a asegurar alimentos y atenuar su creciente dependencia de las cosechas estadounidenses a través de estos acuerdos en el corazón agrícola de América latina. Aunque Brasil, Argentina y otros países se movilizan para limitar la venta de tierras fértiles a extranjeros, los chinos buscan un control más directo de la producción, exportando su impulso para la autosuficiencia alimentaria.
En noviembre pasado, un grupo chino acordó desarrollar 500.000 hectáreas en la provincia argentina de Río Negro, en Argentina. En todos los casos, los funcionarios chinos propusieron comprar grandes extensiones antes de que los funcionarios locales lograran canalizar esas ansias en acuerdos de producción. “Nunca les vamos a vender esas tierras”, asegura Juan Manuel Accatino, ministro de producción de Río Negro.