Habría coincidencia entre los analistas sobre la superficie final destinada a maíz. Se estima que caerá a 36,5 millones de hectáreas.
Si bien la reducción no es resulta grave, la estimación sobre cosecha puede reflejar una sustancial rebaja.
Es que, seguramente, las demoras en la siembra traerán cola. No es lo mismo un maíz sembrado en el momento justo que otro implantado tarde.
De hecho, el Consejo Internacional de Cereales ya ha recortado sus cálculos. Para lo cosecha de EE.UU. calcula un caída de 5 millones de toneladas. Así prevé un total de 340 millones en lugar del volumen estimado por el USDA de 346 millones de toneladas.
China podría compensar la baja norteamericana, pero aún así las estimaciones
siguen preocupando. Las existencias mundiales, para la campaña 2011/12, bajarían
a un nivel muy bajo, el menor de los últimos 9 años.
EE.UU. revela un cuadro de angustia. Las inundaciones van desde Dakota del Norte
hasta Ohio, y también afectan el sur del país.
Las intensas lluvias y los deshielos suscitados por el invierno, con crudas nevadas, han permitido un inusual nivel del agua en el río Mississippi. Por ello, 1,25 millones de hectáreas han quedado bajo agua en Mississippi, en Tennessee y en Arkansas.
Pero la cosa se puso peor aún más recientemente. En estos días, a unos cuantos kilómetros (río arriba) de Baton Rouge, se abrieron las compuertas de los diques con el fin de evitar la inundación de varias ciudades y de importantes refinerías de petróleo.
El agua empezó, así, a correr por los campos. La inundación llevaría varias semanas hasta que se normalice y el agua se vuelque al mar.
En este contexto, con estados como por ejemplo Ohio e Indiana bajo la presión de la humedad, vale preguntarse si la caída de superficie implicará un aumento considerable en el área de soja que podría impulsar una reducción en los precios de la oleaginosa.
Como respuesta, podría decirse que difícilmente se registre una fuerte presión a la baja en los valores.
En primer término, la reducción en la superficie sería muy limitada. En resumen, el prejuicio sobre la futura cosecha no sería tanto por reducción de área como por rendimiento por hectárea.
La baja en el área, probablemente, no sea extrema como resultado de la tentación a sembrar lo más posible, aún fuera de las fechas convenientes, dado por los precios elevados que muestra el mercado de hoy.
Y en segundo lugar, vale poner en duda la voluntad del granjero estadounidense por aumentar la siembra de soja.
¿Por qué?
Porque las condiciones para la siembra de la soja tampoco son ideales. La humedad en los suelos impide, hoy por hoy, la realización de una siembra óptima en buena parte de la región agrícola.
Y porque algunos granjeros pueden sentirse atraídos por las indemnizaciones oficiales en lugar de afrontar las siembras.