El mercado climático opera con fuerza. Y, en consecuencia, las estimaciones sobre el comportamiento futuro del clima define, en gran parte, la forma de actuar de los operadores comerciales, sobre todo de aquellos que están más cerca de lo especulativo.
La adversidad climática se ha ensañado con el maíz y el trigo en EE.UU.
Por un lado están la sequía y por otro, las copiosos lluvias.
El clima seco, ciertamente duro, estresa los cultivos de trigo de invierno, especialmente en áreas del sur y del sudoeste del país. Las planicies trigueras del sur están se ven sometidas temperaturas superiores a lo normal; por ende reducen el potencial de rinde.
Las precipitaciones en las regiones productoras del Medio Oeste retrasan la siembra del maíz de forma tal que lo que no se ha implantado aún corre el riesgo de llegar a una floración tardía, por un lado, y por otro, de reducir la superficie destinada a este cereal. Y la soja, aunque en menor medida, también recibe el golpe.
De esta forma, la siembra de trigo primavera y maíz y soja se halla en un difícil momento.
Para EE.UU, algunas estimaciones hablan de una superficie de 1,5 millones de hectáreas inundadas a causa de las intensas lluvias.
Por otra parte, Europa, con Rusia incluida, también paga alto los problemas que trae la sequía. El trigo es el primero sufrir su embate.
Las expectativas respecto a la oferta tienen, hoy, un alto grado de pesimismo, como es lógico.
El momento actual está determinado por aspectos fundamentalmente psicológicos que actúan sobre las decisiones. Quienes ingresan a los mercados granarios y de subproductos lo hacen por temor a una eventual escasez o a cuellos de botella en el abastecimiento y, también, por miedo a una creciente tasa de inflación internacional, sobre todo a aquella que afecta el valor real del dólar.
Temor y euforia son dos caras de una misma moneda. De esta forma, los analistas contribuyen a soplar viento sobre el fuego.
En este cuadro, la volatilidad crece y se acentúa de la mano de los fondos especulativos que tienden a comportarse como “rebaño que caracterizan, con vaivenes de pánico y exhuberancia, a lo mercados. Quienes se han dedicado al estudio de la psicología de masas, saben bien cómo es el comportamiento especulativo de una masa que pierde racionalidad bajo la guía de información precaria, incompleta o asimétrica.
Ahora estamos pasando un ciclo de alzas, con el reingreso de fondos especulativos. Habría que tomar conciencia de ello… ¿no?
Parafraseando a James Carville, estratega de la campaña electoral de Clinton, podría decirse: “Es la psicología, estúpido”.