El cambio es lo permanente
No sólo los productores sino, también, los trabajadores de cualquier actividad advierten cambios que afectan seriamente sus vidas. Estas alteraciones al orden tradicional causan incertidumbre y ésta, a su vez, ocasiona ansiedad.
Para peor, dentro del conjunto de empresas, es la agropecuaria, en primer lugar y la agroindustrial en segundo, la que mayor grado de exposición al exterior tiene.
En el sistema económico argentino, el sector agropecuario y agroindustrial es el más desprotegido de los embates externos. En rigor de verdad, la producción primaria no recibe ningún tipo de asistencia y la agroindustrial, sólo la tiene, en muy contados casos, y en esos casos en medida ampliamente inferior a la de las demás industrias.
A su vez, existe una tendencia, por parte del Estado, a recurrir al sector para financiarse y en consecuencia afectar todo tipo de plan establecido por parte del productor.
En tal caso, es imprescindible entender que las cosas no son más estables como antes. Ahora el veloz crecimiento de la tecnología (más las marchas y contramarchas de los gobiernos de turno) conlleva cambios permanentes. Y esos cambios son parte estable de la vida rural. Y , por ende, son nuevas oportunidades.
La energía resultante de tal ánimo puede ser aprovechada para posicionarse frente a la nueva realidad. Y, a su vez, para ubicarse estratégicamente frente al futuro que se avecina.
Lo peor que se puede hacer es no hacer nada.
De nada sirve encapricharse en que la realidad se adapte al estilo de producción histórico. Mediante la evaluación de las fortalezas y debilidades individuales y de la percepción realista sobre el impacto de dichos cambios, los productores pueden identificar oportunidades y realizar planes de acción. Este es lo que se debe rescatar.
La adopción de nuevas tecnologías, la especialización en commodities, el crecimiento de las unidades de producción (mayor escala) continúan su evolución y nada hace prever que vaya a detenerse su derrotero. Estos cambios siguen desplazando productores y mano de obra hacia las ciudades o hacia establecimientos grandes; las poblaciones rurales y la de los pueblos prosigue disminuyendo y, a su vez, los negocios rurales tienden a achicarse, en tanto que los productores grandes se convierten en clientes de proveedores no locales.
Commodities o especialidades
El mundo de los agronegocios presenta dos alternativas básicas que, a su vez, permiten posiciones intermedias. Una es la producción de commodities, bajo un sistema de reducido costo y con gran escala. La otra es la producción y comercialización de bienes especializados. Y en el medio de tales alternativas se presentan algunas combinaciones, como ser la producción de commodities en escalas chicas o medianas, pero combinándola con otras fuentes de ingresos afuera del establecimiento o, simplemente, la de alquilar el campo y efectuar otra tarea que provea un ingreso adicional.
Es sabido que, desde hace varios años, el campo tiende a la La industrialización. Ella no es otra cosa que el proceso de adaptación de estrategias cada vez más sofisticadas que alejan al negocio agropecuario de la competencia perfecta (mercado libre). Este alejamiento se produce con el uso de una amplia gama de herramientas de negocios y de relaciones contractuales y alianzas que acercan, bajo el mismo control de administración, una combinación de insumos, producción, procesamiento, distribución y venta en el sector.
Ahora bien, ¿por qué hablamos de competencia perfecta? Pues porque los negocios de commodities agrícolas y cárnicos se encuentran muy cerca de la competencia perfecta.
El mercado de commodities es un claro exponente de lo que debería ser un mercado de competencia perfecta. El lado ríspido de la competencia perfecta es que brinda siempre una limitada oportunidad de obtener beneficios. En rigor sólo permite al productor nada más que una ganancia mínima. Por el contrario, una actividad agropecuaria que se desenvuelve en competencia imperfecta (o al menos, muy alejada de la perfecta) goza de oportunidades específicas que le brindan retornos más elevados ya que los potenciales competidores se hallan bloqueados o limitados para ingresar a ese mercado.
En tal caso y dada la falta de competencia, el que produce bienes específicos, bien diferenciados, logra márgenes superiores de rentabilidad de aquellos a que está acostumbrado el tradicional.
Hoy, con la industrialización avanzando en la agricultura, muchas empresas agropecuarias, que han comprendido los cambios descriptos, han complementado las estrategias de tecnología con las de diferenciación de sus productos.
Ello no significa que la producción de commodities, como bienes de escasa especificidad, habrá de desaparecer. En tal caso, aquel productor de commodities deberá ser un empresario de alto volumen y bajo costo, produciendo bienes indiferenciados, para un mercado de competencia muy cerca de la perfecta.
Sólo sobrevivirán los que tengan escala sea por su propia extensión o mediante asociaciones. La realidad es inflexible: la producción de bienes poco específicos sólo es viable desde la gran escala.
En el otro extremo, de la gama descripta, se halla el que sabe identificar mercados de especialidades para lograr ganancias extraordinarias. Claro ejemplo de ello es la carne de ciervo o los productos orgánicos. En este caso, el papel preponderante de la empresa agropecuaria se basa en el sofisticado sistema de comercialización y marketing.
En las posiciones intermedias, entre ambos extremos, encontramos a los que trabajan en red con otros productores para llevar adelante la producción y la comercialización de commodities y, también, de especialidades. A través de la coordinación con proveedores y distribuidores, los productores podrán moverse hacia arriba en la cadena de valor. En consecuencia ellos puede tomar mayor margen de beneficio de las siguientes etapas de la cadena, es decir del aprovisionamiento, la producción, el procesamiento y la distribución y venta.
Otra posición intermedia, también, es la de aquellos productores que llegan a arreglos especiales mediante acuerdos contractuales para integrarse a la cadena de producción. Tal es el caso de pollos, cerdos y oleaginosas donde el productor tiene acuerdos de provisión con los procesadores.
Aquel que insista en la producción de
commodities en pequeña escala desaparecerá más pronto de lo que muchos
imaginan. Si no se logra escala, la oportunidad está en la gama descripta. Es
decir: ubicarse lo más lejos posible del mercado de competencia perfecta. A su
favor se presenta un mercado cada vez más exigente, más segmentado, que
requiere de productos de alta diferenciación que sean percibidos por el
consumidor como especiales.
Queda claro que, a pesar de los fuertes embates que recibe el sector más expuesto, por falta de protección o amortiguación, éste está obligado, además, a ceder parte de sus ingresos para apuntalar otras áreas de la producción.
De esta forma, la política comercial que todavía subsiste, pese al tan declamado "alto grado de apertura", es contraria a la exportación de agroalimentos. Se trata de una política que no solamente deja de lado las ventajas comparativas, sino que mueve en contra de ellas.
El empresario de los alimentos enfrenta dos enemigos. Uno viene de adentro y otro del exterior.
El que viene del interior es el explicado hasta aquí. El que debiera resolverse más fácilmente, pues terminar con él, sin duda, es una cuestión de interés general, dado que el crecimiento de la actividad agroindustrial representa el desarrollo, a menor costo y mayor agilidad, de la economía nacional. No se trata de convertir a las demás áreas en un enemigo; se trata de mantener una política equitativa, donde si se requiere la intervención del estado, ella debe tener su razón de ser en lo social.
El enemigo que viene del exterior es el de la cultura de los estados del primer mundo que, partiendo de consideraciones tales como la multifuncionalidad del campo o la seguridad alimentaria, hacen de esta actividad una cuestión extra- mercado.
En todo el mundo, únicamente son los alimentos los que reciben ayudas del fisco. No hay prácticamente subsidios en ninguna otra actividad de la producción. Sólo lo que proviene del campo, salvo contadas excepciones, tiene este tratamiento burocratizado en el mundo.
A través de estos subsidios, se ha configurado un esquema mundial donde las ayudas están determinadas por las perspectivas de producción y por los precios y, a su vez, éstos lo están por las primeras. De esta forma, son los productores agropecuarios de las naciones no subsidiantes los grandes damnificados, ya que ellos son el principio de la cadena alimentaria, por lo que no pueden trasladar el problema.
En buen romance: la distribución del ingreso mundial de los productores agropecuarios se halla, así, segmentada en una escala progresiva a favor de los que están dentro del grupo de países subsidiantes y en desmedro de los que son parte de los no subsidiantes.
En suma, la acción de estas políticas gubernamentales provenientes del frente interno como externo, perjudica a la actividad agroalimentaria. Pero el perjuicio es claramente más fuerte sobre el subsector de la producción agropecuaria.
Así el productor agropecuario argentino se ve cada vez más presionado por la necesidad de bajar costos y por su debilidad frente a una comercialización concentrada en grandes grupos empresariales.
Para sortear estas dificultades, que están dejando en el camino a buena parte de pequeños y medianos productores, se requiere la acción conjunta del sector para neutralizar el enemigo interno y para eliminar su debilidad. La estrategia viene de la mano de una mayor eficiencia, escala y articulación de las etapas de la cadena alimentaria.
Se requiere aumentar la eficiencia mediante tecnología y mayor manejo empresario. Se necesita aumentar la escala por medio de asociaciones en una o varias de las etapas de la producción -comercialización - distribución.
Es fundamental que se realice la articulación y encastre de la etapa primario-productiva con las siguientes etapas, en dirección al procesamiento y comercialización de los bienes originados en el campo.
Este esquema exige por parte del productor agropecuario nuevos conocimientos más allá de lo que es meramente producir. El paradigma dejó de ser producir, producir. Ahora, éste es comercializar, comercializar.