Si hay dos monedas que inciden decididamente en la balanza comercial son las de EE.UU. y de Brasil.

Pero la primera no sólo afecta a la balanza de la Argentina sino que, también, contribuye claramente a la formación de los precios de los granos y de sus suproductos.

Menos vale un dólar en el mercado mundial de divisas, más fuerte es el sostén de los valores granarios.

Cada pérdida que sufre el dólar, más fuerte se hace la tendencia al incremento de la demanda de alimentos y biocombustibles y, simultáneamente, menos competitiva resulta la oferta de commodities de países como Brasil, Australia, Canadá y Ucrania y la misma Unión  Europea.

El caso de la economía brasileña es muy particular porque además estar condicionada por un dólar depreciado con relación a las principales divisas, este país sufre las consecuencias -en términos de competitividad- derivadas de un real demasiado elevado y, por ende, de un dólar desvalorizado.

Por fortuna para nuestro país, no se vislumbra una posibilidad concreta para una devaluación en Brasil. Al menos en lo inmediato. Como parte integrante del G20, Brasil está comprometido a no permitir devaluaciones con el objeto de aumentar su competitividad.

Y, para mantener esta posición, Brasil cuenta con una cuantiosa entrada de divisas (básicamente dólares) que benefician su balanza de pagos y que contribuyen a “planchar” el dólar y, por ende, a contener la inflación.

La importancia de Brasil para la Argentina es innegable. En el año 2010, más del 20% del total de las exportaciones argentinas se destinaron a Brasil. Cerca del 42% de las exportaciones a este país se refieren a automóviles, auto-partes y vehículos de carga.  Por ello, una depreciación del real golpearía a la economía argentina, mucho más al sector automotor que al agrícola. Afectaría a la agricultura argentina pues aumentarían las exportaciones granarias y de subproductos de ese país al mundo.

Con respecto al dólar, asistimos a un recorrido en el valor de esta moneda de retroceso permanente. A lo largo de los últimos meses, ha sido la moneda que más se ha depreciado. En tanto, el euro se aprecia.

Los datos son contundentes. De acuerdo a lo que revelan los principales indicadores de la economía mundial, a medida de que esta divisa se deprecia frente a otras monedas como el euro, los precios de los granos y de los commodities en general aumentan, Un dólar así depreciado contribuye al incremento de las exportaciones estadounidenses lo cual tiende a aliviar al país de su situación de déficit.

Por ahora, los precios agrícolas tienen un fuerte soporte. Veremos más adelante qué pasa.

Hay coincidencia entre los analistas económicos que este dólar (y este real, también) tiene por delante unos cuantos meses más. Por el momento, el cuadro agrícola, en este sentido, no es preocupante.

Seguir de cerca la evolución de EE.UU. y de Brasil es un buen ejercicio. Quien no quiera perder, habrá de hacerlo.