Por la fuerte presión que ejerce la oferta sudamericana y como resultado de la resistencia de China a importar la oleaginosa, la soja tiene un camino de vaivenes por delante.

Pero no por mucho tiempo. Es que los bajos stocks ponen piso en el proceso de formación de precios.

El mercado revela con toda claridad la situación de oferta holgada que otorga Sudamérica. Por ello, los valores han evolucionado en baja para las posiciones disponibles.

Pero… ¡cuidado! Que esta tendencia no nuble la realidad de estrechez estructural. Por ello, los precios de la cosecha nueva tienden a afirmarse. Una cosa es lo disponible y otra, la mercadería por venir.

Respecto a lo que viene, debemos recordar que -en EE.UU.- los granjeros tienden a reemplazar parte de la que se destinaba a soja por maíz.

Por otra parte, los productores de Brasil y de Argentina, así como del resto de los países sojeros de América del Sur, no están dispuestos a entregar su mercadería a precios bajos, por más que China juegue fuerte en la pulseada.

La realidad es que la política económica china está sufriendo los embates de sus propias limitaciones. China ha tratado de fomentar la industrialización de la soja. Para ello, ha implementado todo tipo de medidas para favorecer la importación de granos de soja, para ser procesados en el propio país. Pero, la suba de los valores de los granos, el insumo básico, está dificultando el crecimiento de esta industria.

Debe agregarse a ello las medidas que han tratado de compensar el comportamiento de la Argentina. Nuestro país ha impuesto restricciones a la entrada de productos chinos lo que habría provocado la tendencia a impedir el ingreso de aceite de soja argentino. Este sería el resultado de decisiones de comercio internacional puestas en práctica por el Gobierno nuestro, subordinadas a las necesidades de la política doméstica.

En este encuadro, China ha incrementado las compras de aceite de soja a Brasil y de EE. UU. para reemplazar el producto argentino.

Respecto a las ventas para la industria, la demanda se acelera por la propia dinámica de la actividad del biodiesel. La demanda mundial y de la Argentina es cada vez más fuerte, sobre todo por los precios del petróleo. Se estima que la industria de biodiesel llegará, en el año 2011, al tercer lugar del ranking mundial de capacidad instalada, luego de Alemania y España.

En la campaña anterior, la producción de soja fue de 55 millones de toneladas. De este volumen casi 37 millones fueron a la molienda y cerca de 14 millones de toneladas se usaron para la producción de biodiesel. No es poca cosa.

Como el diferencial de gravámenes a la exportación es muy favorable para el biodiesel, el precio que puede abonar esta industria por la soja es superior. Vale recordar que este producto tiene una retención del 14%, mientras que el aceite de soja sufre un gravamen del 32% mientras que el poroto debe abonar 35%.

En esta situación el Gobierno aprovecha para disminuir la distorsión cambiaria y, de esta forma, permitir un alivio a los problemas de competitividad originados por la inflación que afecta el valor real de las divisas.

Así, más que sostener el tipo de cambio, la Autoridad intenta elevarlo. El Banco Central aprovecha la coyuntura favorable que brinda la soja para promover la suba. El complejo sojero contribuye decisivamente en el ingreso de divisas por exportaciones lo que desalienta presiones psicológicas.