El nivel de precios, existente hace más de un mes, no ha podido escapar a la presión ejercida por el avance de la cosecha en Brasil y por el comienzo de ésta en la Argentina.
En provincias como Entre Ríos y en el norte de Santa Fe la trilla ya se ha iniciado.
A ello, se agrega el temor por el futuro inmediato como resultado de las acciones bélicas en Libia, por la posibilidad de que éstas se propaguen allende las fronteras de este país y por la cruenta e intempestiva violencia del tsunami en Japón.
Obviamente, cuando las cosas se ponen así, los fondos tienden a huir a lo más seguro. Se acentúa la orientación a evitar el riesgo y, por ende, los inversores tratan de reducir su exposición y de realizar parte de sus ganancias. Algo que no favorece al valor de la soja.
Pero hay más. El último informe del USDA muestra datos de producción mundial que no ayudan. El USDA ajustó en suba sus cálculos de producción en Brasil. Ahora habla de 70 millones en lugar de 68,5 millones (febrero).
Este organismo publicó los datos para la Argentina sin cambios. Se trata de 49,50 millones de toneladas de producción en la campaña. Acá el efecto es más bien neutral.
En un cuadro de esta naturaleza, resulta lógico creer que, en lo inmediato, los precios habrán de mantenerse en este nivel o, más bien, de sufrir nuevas bajas. Uno diría que lo más probable es lo segundo.
Sin embargo, la fase negativa no debería durar mucho tiempo. ¿Por qué? Fundamentalmente porque las reservas mundiales de soja, este año, habrán de caer.
Y el ratio stocks/consumo a nivel global pasaría de 25,35% (año anterior) a
22,73% (actual). Se trata de una baja de más o menos 10%.
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Stocks/consumo de soja en el mundo |
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Año |
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Diferencia 2011-10 |
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2011 |
22,73% |
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2010 |
25,35% |
-10,30% |
Elab. propia en base a USDA
Una visión optimista respecto al futuro de los precios revela que, además de las restricciones en los stocks, existen factores favorables a éstos.
El problema que se patentiza hoy con los conflictos en Libia acentúa la propensión de las potencias mundiales a “des-depender” del petróleo. Y ello, sin duda, es una noticia alentara para la industria de los biocombustibles y, por ende, para la demanda, entre otros granos, de la soja.
Pero además, el valor del petróleo sigue presentando un panorama de suba. Y más ahora, cuando las sociedades caen en la cuenta de los peligros de mantener centrales de energía atómica. Es posible que se revalorice el combustible fósil y, consecuentemente, aumente más aún la demanda por biocombustible.
La imperiosa necesidad de reconstruir un país, ejemplar para el mundo por su espíritu de sacrificio y su conciencia cívica, habrían de promover el reingreso de grandes capitales desde otros países. Se sabe que Japón es un importantísimo comprador de bonos del Tesoro de EE.UU.
Según el FMI, los japoneses ahorraron en el exterior, en el año 2010, más de 160 mil millones de dólares.
Si una buena parte de esta suma vuelve al país, el yen habrá de revaluarse y el dólar de devaluarse. Obviamente, habría intervención de la autoridad japonesa para que la apreciación de su moneda no sea traumática, sobre todo por el lado de su balanza comercial. Pero sería un hecho.
Una caída en el valor del dólar es una fenomenal palanca en los precios de los granos. Y, a su vez, una mejora en el yen, contribuye a promover la demanda por productos importados.
En definitiva cuando la naturaleza brama y deja caer sobre los hombres su brutal fuerza, ellos recuerdan cuán frágiles son y cuánto necesitan de los alimentos que sólo pueden producirse con la colaboración de ella.