Si hay algo que determina el comportamiento del mercado de los commodities agrícolas es el miedo a lo que vendrá. En este miedo lo que naufraga es la certidumbre sobre la producción de petróleo y los precios de los combustibles y las previsiones sobre el crecimiento económico global. Nadie tiene una respuesta lógica y, así, los operadores tienden a huir de los commodities como la soja. Si fuese más negra que verde, tendría mejor aceptación.

El mundo económico se mueve con cautela extrema porque desconoce el futuro de la región que puede afectar el crecimiento mundial. Si hay una cuestión difícil de digerir para los mercados en general es la falta de elementos de análisis para entender lo que sucede a fin de vislumbrar el porvenir.

En este cuadro de incertidumbre, lógicamente, las decisiones financieras han estado encaminadas a poner seguridad en las inversiones. De esta forma los agentes financieros han iniciado un recorrido que busca calidad en detrimento de ganancias, en lugar de riesgo con mayores beneficios.

Por ello, los fondos caminan en dirección a nuevos horizontes más alejados de los granos como la soja. En vez de rentabilidad, buscan, hoy por hoy, la mayor certeza posible. Y este comportamiento afecta directamente el valor de la soja.

A ello, se agrega la oferta que de a poco está ingresando en el circuito comercial de la mano de la cosecha de Brasil. Tal como lo hemos estado comentando la visión de un volumen de cosecha superior al estimado hace tan sólo un mes determina una fuerte presión a la baja de los precios. Ahora para la Argentina se habla de casi 49 millones de toneladas. Esta estimación es una fuerte incentivo a la baja. Del hoy.

¿Qué decir frente a este cuadro? Los precios podrán seguir bajando, pero así como no lo hicieron a la suba, de ahora en más tampoco caerían tanto.

Los stocks, sobre todo en EE.UU. dejan mucho que desear. Con bajos niveles, los mercados tendrán siempre alicientes para las subas. No olvidemos que los problemas climáticos son hechos aleatorios.

En el Ag. Forum ha quedado claro que, aún con buenas cosechas, será necesario un largo período para recuperar los niveles adecuados. En este foro organizado por el USDA, se calculó que EE.UU. requeriría cerca de dos años para alcanzar el volumen necesario para aquietar los mercados.

Además: si los conflictos en Libia -y en la región en general- se resuelven de una forma más o menos razonable, el petróleo subiría, pero no mucho. Y eso en definitiva fogonea la demanda por soja.

Así están las cosas. Que la coyuntura no nuble la cuestión estructural: la demanda presiona sobre una oferta que, a mediano plazo, no logra alcanzar niveles suficientes como para permitir un precio –estable- mucho menor que el actual.