El gobierno sostiene que apunta a promover los cultivos alternativos a la soja como forma de “des-depender” la actividad agrícola y la economía argentina de esta oleaginosa y de asegurar una mejor rotación en los suelos.
Sin embargo, la realidad muestra que está sucediendo exactamente lo contrario. Lo peor de todo es que este presente se proyecta para el futuro, dadas las expectativas negativas del eslabón agrícola.
El productor, como empresario, enfrenta un escenario donde la política gubernamental está ensañada con la actividad cuya producción en buena parte va a dar al mercado local. Es el caso del trigo y del maíz. Muy a grandes rasgos, según sea el año, si miramos para atrás, la historia muestra que más o menos la mitad de la producción -a veces más, a veces menos- resulta demandada por el mercado local.
Por lo tanto, como empresario, cada vez tiene menos dudas de que debe dirigir sus esfuerzos hacia la producción de todo aquello que nada tenga que ver con el mercado interno. ¿Cuál es el producto más alejado del mercado interno? La respuesta bien la sabemos.
El trigo, en este desguisado, es el rey. Desde hace casi dos meses que no se sabe de precios en el recinto de operaciones de las bolsas. Las pocas operaciones realizadas girarían en torno a $700 por tonelada, en lugar de $900 que sería el valor próximo al FAS teórico.
Como se advierte claramente en el trigo, además del derecho de exportación explícito existe otro (cuasi) derecho que grava la producción. La diferencia entre uno y otro es que el resultado del segundo va a dar a las arcas de otros agentes privados en la cadena de valor. Este segundo cuasi derecho afecta a la producción sin ir a dar a las del Estado.
Los resultados de la teoría (sin fundamento académico) del desacople de los
precios internos y externos pregonada por el gobierno son un desastre. Porque el
desacople es un monumento a la inequidad que apunta directamente a promover el
oportunismo y la concentración económica.
El trigo está siguiendo el mismo camino que la carne. Lo veremos en poco tiempo.
Al cabo de tres años de políticas de desacople, el stock vacuno se redujo en un 20%. Esto es, 10 millones menos de cabezas. Y obviamente, el desquicio no lo paga sólo el productor, lo paga también el consumidor.
El desacople traducido en "precios altos afuera y bajos adentro", no es más que un mecanismo “facilista” que no sólo no ataca la raíz del problema sino que lo agrava y con creces, puesto que quienes lo han puesto en marcha son gente que no cree en las ventajas del comercio.
Así, en lugar de promover la oferta, mediante su futura expansión, se pretende reducir el precio de los cereales limitando la exportación lo que asegura una futura menor oferta.
De esta forma, se inicia el círculo de escasez. Sinceramente: ¿alguien duda de ello?