Tanto en Argentina como en Brasil, la cuestión está tomando un cariz dramático.
Las perspectivas no son buenas. En Brasil, se aguarda un afianzamiento de los golpes de “La Niña” en la mayor parte del área maicera.
La pampa húmeda, hoy por hoy, de húmeda tiene poco. Las lluvias no han bañado los maizales y, así, se va terminando el tiempo de floración. Sin agua a la vista. Al menos, sin un adecuado volumen.
La adversidad climática azota, también, la zona núcleo, la más productiva del país por lo que bien podría repetirse el mal trago del 2008/09.
La ansiedad se va convirtiendo poco a poco en frustración. Y el mundo aguarda noticias favorables desde la Argentina. Porque nuestro país contribuye a la formación del precio internacional. Es que si bien no es muy grande el volumen argentino, la realidad es que es importante a la hora de exportar.
Poca humedad y altas temperaturas son la combinación de fines de diciembre y comienzos del año.
Con cerca del 90% del área sembrada, hay dudas de que se complete la superficie. De ser así, en lugar de 4 millones de hectáreas, es posible que sólo se cubran 3,6 millones.
Los ánimos están caldeados: al azote climático, se agrega el político derivado de la comercialización del trigo, pues como caja financiera está desaparecida ya que no se terminan de resolver los problemas en la venta. Así las cosas, el verano será seco por doble partida.
En tal caso, la Argentina, como segundo exportador mundial de maíz, no va a poder realizar el aporte que requiere la demanda mundial.
Y EE.UU., el gran coloso de la producción que pasa por un año de bajo nivel de stocks no puede contrarrestar el déficit. Resulta que el actual, es el nivel más reducido de los últimos 15 años.
Tampoco va a ser posible cumplir con la expectativa de la demanda por parte de China. Al menos, no de la forma adecuada.
La demanda motorizada por China se hace sentir cada vez más. Como consecuencia del acelerado crecimiento de la industria china, que procesa el maíz para forraje, se espera que el país deje este año de tener excedentes para pasar a importar en forma decidida y constante, por más que el clima sea el óptimo.
La industria china de alimentos para animales va a requerir, este año, cerca de 70 ó 75 millones de toneladas de maíz. Se trata de un volumen que no puede ser cubierto por la oferta interna.
Dadas las dificultades que EE.UU. presenta en el campo de la oferta, las posibilidades para que China importe producto estadounidense se reducen y, así, el problema se agravará. ¿Más demanda que oferta? Parece que sí…
En un ambiente de tanta incertidumbre, lógicamente lo fondos tienden a comprar. Y así, los fondos especuladores, luego de haber realizado un buen número de liquidaciones, siguen –con vaivenes- en el reciente derrotero emprendido hacia el aumento de su posición neta comprada.
Por parte de los operadores existe la expectativa de que, si continuase la adversidad climática en América del Sur, las compras de los fondos incrementen los valores del cereal.
Con una demanda muy sostenida y los fondos en acción, los precios podrían mejorar más. El cuadro se inclina para ese lado...