Las entidades que representan a las cadenas de valor de la soja, el trigo, el girasol y el maíz, Asociación de la Cadena de Soja Argentina (Acsoja), Asociación Argentina del Trigo (Argentrigo), Asociación Argentina de Girasol (Asagir) y Asociación Maíz y Sorgo Argentino (Maizar), se reunieron el pasado miércoles 1º de diciembre en su tradicional brindis de fin de año, para analizar las oportunidades que brindan las cadenas de valor para el desarrollo de la Argentina.

El evento se llevó a cabo en la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, y entre los reclamos que realizaron, se destacó el pedido por “la imperiosa necesidad de contar con mercados transparentes y competitivos”.

A continuación, adjuntamos el discurso completo de Santiago del Solar, presidente de Maizar:

La importante y sostenida demanda mundial de productos alimenticios y sus derivados nos sigue ofreciendo una oportunidad histórica. Todo indica que no es una situación coyuntural. El cambio es estructural y sus raíces son el aumento en los ingresos y la mejora en la dieta de millones de habitantes del mundo. El contexto es único, no lo debemos desaprovechar para generar inversión y empleo en todos los rincones del país.

La Argentina tiene la capacidad para producir cereales, aceites, harinas, carnes, y sus derivados, así como fibras y biocombustibles para satisfacer la demanda de proteínas y calorías de 400 millones de personas.

Somos un país orgullosamente agroindustrial, con una excelente integración de cadenas de valor. Cada eslabón de estas cadenas tracciona a los otros, generando una red de investigación, producción, comercio e industrialización.

El entramado virtuoso entre industria y campo hace imposible distinguir donde empieza uno y donde termina el otro. Juntos, campo e industria funcionamos como una sola maquinaria de valor agregado, innovación, inversión y empleo.

Las agroindustrias impulsan eslabonamientos hacia adelante  y hacia atrás en las diferentes cadenas de valor, creando un efecto multiplicador en toda la economía. Según un estudio de la Bolsa de Cereales, el valor que agregan las agroindustrias a la economía argentina es superior al promedio del resto de las actividades.

Biotecnología, mejoramiento genético, agricultura georreferenciada, maquinaria agrícola, fitosanitarios y fertilizantes de última generación, y trabajo calificado se combinan para lograr cada vez mayores y más eficientes cosechas que ingresan a una red de acopio, clasificación, acondicionamiento, transporte y una moderna red comercial.

Hoy ya no podemos hablar de  “producción primaria”  sino de una actividad con enorme valor agregado, que genera riqueza distribuida en innumerables empresas y familias afincadas en todo el país.

La articulación público privada encuentra en las cadenas un ámbito propicio para desarrollarse.

En este sentido, destacamos el trabajo realizado por los profesionales de las distintas áreas del Estado para la aprobación de nuevos eventos biotecnológicos, como la Conabia, el Senasa y el Inase que promueven  la competitividad de nuestra agroindustria en el marco de un compromiso político del Ministerio de Agricultura a favor de la biotecnología.

Una asignatura pendiente es resolver el problema de reconocimiento de propiedad intelectual en autógamas. Resulta imprescindible estimular y reconocer la investigación, la innovación y el trabajo en el mejoramiento genético.

Para estimular las inversiones se necesita contar con un marco de coherencia y confianza. La confianza es el insumo clave, necesario para crear el clima de negocios que permita capturar a pleno la oportunidad que nos brinda el mundo.

Queremos dejar de tener un “gran potencial”  y  comenzar a tener un “gran presente” y un “mejor futuro”. Tenemos que generar las condiciones para poder desplegar todas nuestras capacidades,  promover el crecimiento y el desarrollo sostenido que incentive una mayor producción aumentando la oferta, pues nunca el precio de los bienes escasos fue bajo. Miremos sino el ejemplo de la carne.

El sector agroindustrial argentino ha demostrado ampliamente su  formidable capacidad de investigación, adaptación e innovación, en una constante apuesta al crecimiento y al desarrollo del país.

Para hacer posible ese gran presente todos los sectores que conforman las cadenas por producto entienden que es necesario volver a contar con mercados institucionales, transparentes y competitivos, con reglas claras que permitan la libre formación de los precios, sin intervenciones que desvirtúen su accionar.

El funcionamiento de los mercados institucionales, bolsas y mercados de futuros, es la mejor garantía para que el valor real, el precio de los granos refleje su paridad internacional (no el “teórico”). Y que ese valor llegue a todos los integrantes de la cadena.

La intervención en los mercados, la fijación de precios, los cupos de exportación, los ROES y las retenciones, funcionan como un “freno de mano” que no nos dejan avanzar para poder crear más producción, riqueza, y empleo.

Con registros de exportación abiertos durante todo el año nunca faltó el abastecimiento del mercado interno. Resulta indispensable volver a contar con declaraciones de exportación automáticas durante todo el año sin restricciones, en un marco competitivo.

Basta mirar el ejemplo de nuestros países vecinos que sin restricciones al comercio ni retenciones crecieron en todas las producciones del sector agropecuario, creando riqueza, empleo y sentando las bases del desarrollo.

Estamos en un mundo donde la competencia es la norma. Y no podemos pensar (ni siquiera en el mediano plazo) en mantener y abrir nuevos mercados cuando quienes producen lo mismo que nosotros lo hacen con CERO derechos de exportación o aun subsidiados, mientras nosotros tributamos solo en concepto de retenciones hasta el 35% de nuestra facturación bruta. La eliminación de esos tributos distorsivos a todos los productos de la cadena llevará a una mayor producción. Por otro lado, diversos estudios demuestran que tendría un efecto neutro en las finanzas del estado.

La eliminación de las retenciones estimulará zonas de menor productividad o más alejadas de los puertos, e incentivará un mayor uso de tecnología e insumos en todas las zonas productivas.

Nos preguntamos: ¿Cuál es nuestro temor de lanzarnos a producir cada vez más en forma sostenible aprovechando la oportunidad que nos brinda el mundo? Tenemos sobradas capacidades. Deberíamos estar batiendo record tras record de área sembrada, aplicación de tecnología y producción en las cuatro cadenas de valor.

Por eso, concluimos que:

“Organizar la agricultura, según la Constitución moderna, es organizar su libertad. La única intervención que, según ese código, pueda ejercer la ley en este ramo de la industria nacional, debe tener por objeto desembarazar de toda traba y obstáculo al trabajo agrícola, facilitando todos los medios de poner a su alcance los opulentos recursos y manantiales de riqueza que presenta nuestra digna tierra del nombre de argentina, que lleva como símbolo expresivo de su riqueza incomparable”. Ya lo dijo Juan Bautista Alberdi en 1854.

 

En el centro de la foto, Martín Fraguío, director ejecutivo de Maizar, en el brindis de fin de año de las cuatro cadenas de valor, en la Bolsa de Cereales de Buenos Aires

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