Y es cierto: el dólar tiene un valor bastante parecido al de la Convertibilidad, en términos adquisitivos. En otras palabras: 1 peso de aquellos años de la década del 90 es semejante a los 4 pesos de hoy.

Pero contrariamente a lo que sucedía en los años del 1 a 1, ahora esta paridad se corresponde con la situación de la Balanza de Pagos del país. Y con creces.

En buen romance: no hay razones de peso para esperar una suba en el valor del dólar. Tampoco las hay para creer que el dólar vaya a acompañar el ritmo de aumento de los precios.

Para afirmar lo dicho, sólo basta con estimar la entrada de divisas en esta campaña. Aún con La Niña en plena acción, la producción se aproximará a 95 millones de toneladas. De este volumen, saldrán 73 millones para exportación.

Así las cosas, entre granos, subproductos y aceites y biocombustibles, el monto a ingresar -por exportaciones- será de 27.000 millones de dólares, más o menos. La cifra es impresionante.

Tal oferta divisas asegura un techo en el valor del dólar; obviamente, en el mercado local de divisas. Al menos hasta que nos aproximemos a las elecciones.

En tal cuadro, vale considerar el valor del dólar, a la hora de tomar decisiones, ya que los granos se cotizan en tal moneda. Y los valores no se actualizan en términos de una inflación creciente. Por ello, las fechas son importantes.

Si estimamos la inflación en un 30% anual, habrá que tomar en cuenta ello. No es lo mismo obtener el equivalente a 1 dólar al comienzo del año que a mediados.

Aún cuando la caja pública registra un importante aumento en los ingresos, la realidad es que, día a día, crecen más los egresos. Por ello, la inflación tiene una suerte de piso que no está por debajo del 25% anual.

En lo que respecta a los precios, es evidente que ellos se mantendrán sostenidos por el soporte que el clima de América del Sur les otorga.

Una menor producción que la estimada hasta hace un mes, tanto en Brasil como en Argentina, es un trampolín en los precios que podría compensar en buena parte la baja en los rindes de los productores.

Y no es sólo en soja donde la preocupación reina. También el maíz sufre los efectos de La Niña.

De acuerdo a los pronósticos para América del Sur, las lluvias serán de baja intensidad, a lo largo de diciembre y enero.

Para colmo, Brasil verá disminuir la segunda producción de maíz (safrinha) de maíz. Este cereales se implanta una vez cosechada la soja.

Simultáneamente, la demanda mundial no da muestras de caer. En el campo de la soja, China es el caballito de batalla y su tarea la hace muy bien.

En el área del maíz, China también se apresta a cumplir un papel relevante. Se está tomando conciencia de que en breve el país comenzará a ejercer un rol muy activo como importador. Se aguara para los próximos meses considerables órdenes de compra de maíz argentino, entre otros.

Rusia también estaría llamada a ejercer un papel de importancia en las importaciones del cereal.

Los stocks mundiales vienen en baja. Sólo América del Sur puede revertir el ajustado cuadro. Y dadas las condiciones climáticas, no es previsible que ello pase.

Por ello, no se presentan nubarrones en el horizonte de los precios.

Desafortunadamente, tampoco se presentan en el horizonte de los campos. Dependemos de arriba.