Algunos de los pocos gestos que tuvo ocasión de exhibir -pocos porque es poco el tiempo transcurrido desde la muerte de su esposo- fueron leídos como una continuidad de la estrategia, llamémosla de imposición, que caracterizó a Néstor Kirchner. Quiero señalar aquí los límites de dicha estrategia, que descansó en dos pilares: una fórmula de sucesión y una gestión percibida positivamente por la opinión pública.

Si fuera cierto que la presidenta se propone replicar la estrategia de imposición del ex presidente Kirchner, una primera cuestión a subrayar es que estaría subestimando el papel que ella misma desempeñó para hacerla eficaz.

En efecto, una de las claves que permitió que dicha estrategia disciplinara a gran parte del peronismo fue la fórmula "pingüino o pingüina". Con ello se introdujo una suerte de reelección indefinida en nuestro sistema presidencial que clausuraba toda discusión acerca de la sucesión dentro de las filas justicialistas. Con el freno así puesto sobre la ambición de otros posibles competidores, la imposición de los propios puntos de vista encontró un espacio propicio para desplegarse.

El expediente de ampliar los horizontes temporales mediante una alternancia férreamente controlada es una condición necesaria pero no suficiente para una estrategia de imposición exitosa.

La otra condición es la percepción de un buen desempeño en el gobierno. Puesto en otros términos, las encuestas importan. Cuando las encuestas comenzaron a arrojar resultados inciertos, como en 2009, el esquema recibió un poderoso llamado de atención. Kirchner procuró contener los riesgos de la dispersión entre las fuerzas adictas recurriendo a diversos instrumentos como, por ejemplo, las candidaturas testimoniales. Horizontes temporales amplios y buenas encuestas constituyeron, pues, la base de sustento de la gestión de los Kirchner

Hoy los resultados de las encuestas son muy buenos pero los horizontes temporales se achicaron; es más, tienen un límite cierto, el máximo, la reelección de la Presidenta. En este marco, la ambición política, siempre intensa dentro del peronismo cuando de la jefatura se trata, comienza a ganar terreno. Desaparecido uno de los dos principales competidores, asoman los otros, con la certeza, además, de que ahora el juego conviene jugarlo dentro del mismo Partido Justicialista.

Bajo este nuevo contexto, la Presidenta está llevada a buscar una nueva y propia estrategia que no podrá descansar en las rutinas del pasado reciente. Los meses por venir develarán su capacidad de innovación desde el momento en que sucesión asegurada y buenas encuestas dejaron de avanzar juntas.