Y las lluvias no llegan. A este paso el período de floración, cuando prácticamente se define el nivel de producción, los maizales habrán de sufrir un fuerte stress hídrico por falta de humedad en el perfil del suelo.
Durante el tiempo que dura la floración, se define el número de granos. En las semanas posteriores, es cuando establecen su peso.
Si hay una adecuada humedad y existen suficientes nutrientes, en la etapa de floración y en las semanas subsiguientes, habrá un alto número de granos y un buen llenado. De no ser así, habrá menor cantidad de granos o no tendrán el peso adecuado. El número de granos se establece en el tiempo comprendido entre dos semanas antes y tres semanas después de la floración femenina. Es decir, cuando se da la polinización, la fecundación, y la supervivencia y el establecimiento de los granos que alcanzarán la madurez.
La tecnología contribuye a paliar los inconvenientes climáticos, pero no realiza milagros. Los progresos genéticos así como la acumulación de humedad en el suelo previa a la siembra, las labranzas mínimas, y el control de la competencia de malezas son muy útiles, pero no suficientes para lograr una alta producción.
El requerimiento hídrico, durante todo el ciclo del maíz, supera el nivel de 550 milímetros de agua.
Así son las cosas: la agrícola es industria pero no es fabril. Sobre todo, la maicera.
En la anterior campaña, la producción de maíz llegó a 22,5 millones de toneladas. La superficie de siembra fue de 2,625 millones de hectáreas y el rinde promedio de 86,5 quintales por hectárea. Algo récord.
Al inicio de la campaña, hubo mayor entusiasmo. Hoy, se estima que el área sembrada cubre aproximadamente 4 millones de hectáreas. Algunos hablan de 3,85 millones. Si tomamos éste número y le aplicamos un rinde de 65 quintales por hectárea, el país tendría una producción en la campaña de 25 millones de toneladas.
En vista de los problemas de humedad es posible que tal rinde no se logre. Puede ser. Vamos, entonces, a contemplar un escenario crudo.
Si suponemos un rinde de 55 quintales, la producción sería de 21,18 millones de toneladas. Aún en este escenario, la capacidad exportadora llegaría 10 millones ya que, entre lo que se utiliza para consumo de cada explotación y el consumo interno del país, hay que descontar 11 millones de toneladas.
Sin embargo, los niveles autorizados para exportación, por el ONCAA son mucho menores. Al menos por el momento.
Como consecuencia del mercado restringido, bajo el que debe operar, el precio interno del maíz sufre, además del derecho de exportación explícito, otro derecho implícito del orden del 15%. En síntesis, entre ambos derechos, el gravamen que realmente paga el maíz se aproxima a 35%.
En tanto, el mundo tiene cada vez más apetencia por este cereal.
Por una parte China se muestra con demandas crecientes y, por otra, la oferta de EE.UU. revela caídas sustanciales respecto a los cálculos de hace tan sólo un mes.
Probablemente, China logre una cosecha de tan sólo 160 millones de toneladas, aproximadamente. Se trata de un nivel inferior al proyectado de 168 millones. En tal caso, la exigencia por importaciones será muy grande.
En lo que se refiere a EE.UU. vale recordar que, en mayo, las estimaciones de producción eran de 339 millones y hoy apenas se habla de 318,5 millones de toneladas.
El balance de oferta y demanda revela un stock final de apenas 21 millones de toneladas. La relación stock-uso quedaría así en 7,20%. Vale destacar que el año pasado era de 15,40%.
Este nivel de stock norteamericano es más bajo que el del período 2003/04; y en términos de relación, el más reducido desde 1995/96.
Con el requerimiento creciente de maíz por parte de la industria del etanol, EE.UU. no puede proveer al mundo en los niveles usuales. Ahora podría exportar sólo 50 millones de toneladas, cuando el año pasado lo hizo por 56 millones.
En definitiva, el aporte que debe hacer el campo a la industria ronda en 120 millones de toneladas, lo que significa casi un 30% de la producción norteamericana de maíz.
A nivel mundial, la relación stock-uso fue, el año pasado, de 18,20%; y ahora pasa a ser de 15,80%.
Siendo así, el agricultor argentino debería presionar para que los mercados alcancen un mayor grado de libertad dado que se avecina una cosecha menor a la esperada. Si la cosecha es mediocre, al menos, que se aproveche el precio internacional. Esto no es una cuestión que hace sólo a la empresa agrícola; afecta al país todo, que requiere de la rotación agrícola.
Así parece que está la cosa.