Sudamérica, como oferente de soja, es formadora de precios. Hasta ahora, el USDA y los organismos oficiales domésticos no han contemplado seriamente el posible -cada vez más posible- perjuicio sobre la producción, derivado de la ocurrencia de La Niña.

Se estima que este fenómeno climático durará hasta mediados del mes de marzo próximo. Por ende, la región –como gravitante formadora de precios que es- comienza a ser el centro de atención mundial.

En Argentina, el problema será especialmente duro -de acuerdo a los especialistas- en la Mesopotamia, en la región chaqueña y en la mayor parte de la región pampeana.

Habrá lluvias. Pero serán de muy diferente intensidad. Para los próximos días, por ejemplo, se prevén precipitaciones sumamente desparejas. Y, en promedio, de escasa intensidad.

La siembra de la soja, en estas condiciones, se hace cada vez más compleja. Y en su avance, los tiempos justos, vitales para la productividad, han quedado atrás.

Al paso que vamos, la mayor parte de la superficie sembrada será, en rigor, equivalente al  de una soja de segunda, aunque en una gran proporción de lo implantado no haya habido un cultivo antecesor.

La realidad es que, hoy por hoy, es la tercera parte del área de intención sembrada la que se ha implantado efectivamente. Y si bien las proyecciones respecto a la superficie hablan de 18,7 millones de hectáreas, las condiciones climáticas dejan muchas dudas al respecto. Vale recordar que, el año pasado, la siembra cubrió una cifra similar, pero en condiciones mucho más favorables. Nada que ver con lo que pasa este año.

Además, las plantas, en buena parte, están sometidas a la acción de plagas derivadas de la falta de adecuada humedad.

A su vez, Brasil también tiene sus problemas. Quizás, algo menores; pero problemas, al fin.

Los pronósticos revelan que La Niña se acentuará. Será de mayor rigor en el sur. En el centro y el norte, el cuadro se presenta mejor. Pero, lo que importa es que la mayor parte de la zona agrícola sufrirá sus efectos.

Porque de ser así, seguramente, la producción local será baja. Y en lugar de más de 67 millones de toneladas en Brasil, podríamos estar en menos de 60 millones. Y en vez de más de 50 millones de toneladas en Argentina, podríamos quedar por debajo de 45 millones.

Si América del Sur llegase a producir unas 25 millones de toneladas menos respecto a las últimas estimaciones del optimista USDA, el mundo sufriría una reducción en su oferta global próxima a un 10%. Todo un número.

De esta forma, los productores sudamericanos habrán de enfrentar la paradoja económico-climática.

Peor se presente el cuadro productivo, mejor será el nivel de precios. O lo que es similar: si los precios son altos, la producción esperada es baja.

Sería positivo que esta paradoja sea tomada en cuenta por las autoridades. Si el precio se eleva o se mantiene en niveles muy firmes, en principio, el hecho no sería para festejar.

Vale remarcar esto porque, en el ambiente político y en el empresarial (no ligado a la actividad), se mira el futuro inmediato con euforia. Quienes están ajenos al agro, no comprenden que el agricultor, antes que mirar a la tierra, fija su atención en el cielo. Porque allí está el origen.