La semana pasada titulamos nuestra columna diciendo “las ramas nunca llegan al cielo”. El mercado luego de la toma de ganancias que se inició sobre el final de la semana pasada, continuó bajando, aunque con extrema volatilidad, y la pregunta ahora pasa por la segunda parte del refrán que al referirse a las bajas dice “… y sus raíces tampoco llegan al infierno”.

Para entender lo que está pasando en el mercado de granos, debemos hacer un poco de retrospectiva. Abandonar por un momento la coyuntura y tratar de entender lo que ocurrió en el fondo de la cuestión.
En primer lugar, a inicios del 2000 entramos en un cuadro real de oferta y demanda totalmente distinto y mucho más ajustado que el anterior. En aquel momento se hizo evidente un cambio estructural en el mercado, con un incremento inesperado de demanda, que no logró ser absorbido hasta el momento por la oferta.

Los precios de los granos siempre tuvieron una volatilidad importante, pero asociada a variaciones en los niveles de oferta. La misma es muy cambiante, ya que depende, entre otros factores, de la decisión de área sembrada, y del clima.

Sabemos que el clima además de incontrolable es muy cambiante, difícil de predecir, y que en los últimos años los fenómenos extremos han sido moneda corriente. Esto genera aumentos y bajas de producción inesperados, como fue el caso de la producción de trigo en Europa del Este y lo que era Rusia en Agosto / Septiembre de este año – todo venía hasta ese momento muy bien, y una seca repentina redujo la producción en 20 mill.tt.

La decisión de siembra en tanto tiene la particularidad de que sólo se toma en un momento del año, y que no se puede corregir hasta el año siguiente. Esto ocurre porque cada cultivo tiene un ciclo natural de desarrollo y existe una ventana de siembra óptima, luego de la cual por más que se sembrara las condiciones imperantes impedirían el desarrollo de los cultivos. Ese ciclo natural depende de la estación del año, la latitud en la que se siembre, y de las variedades de semilla de que se trate. Por ello en cultivos como el trigo, donde hay muchos países productores y exportadores, ubicados a distintas latitudes, tanto en el hemisferio norte como en el sur, otorgan mayor capacidad de ajuste. En el maí z donde EEUU es el gran productor y exportador, esto está mucho más concentrado, y en la soja el grado de concentración es medio, ya que los grandes productores son EEUU y Sudamérica, cuyas fechas de siembra y desarrollo están invertidas pero concentradas.

La oferta sigue tan cambiante como antes. De hecho este año se comenzó esperando rindes récord para EEUU, y al no lograrlos hubo que ajustar a la baja la producción.

Pasando ahora a la demanda, donde está el cambio de fondo, la misma está relacionada con variables mucho más complejas, pero más estables que las de demanda. Por eso hacer un cálculo de la demanda implica una mayor complejidad, pero al mismo tiempo, los parámetros no son tan cambiantes.

Los componentes de la demanda son el consumo humano y el industrial. El consumo humano depende de la población y su nivel de ingresos, y la de insumos industriales del estado de las tecnologías disponibles, y los costos relativos de los distintos productos competitivos. También influyen en ambos las condiciones macroeconómicas mundiales, en lo referente a tipos de cambio, tasas de interés, políticas específicas externas e internas, etc.
A inicios del 2000 coincidieron tres cambios en los factores de demanda. El primero tiene que ver con el consumo humano. La mayor parte de la población se encuentra en Asia, donde además se dan las tasas de crecimiento poblacional más elevadas, y también algunos de los índices de necesidades alimentarias insatisfechas más importantes del mundo. Sin embargo, el aumento del ingreso per cápita fundamentalmente en China e India, sostenido por mucho tiempo, hizo que no solo se demandaran más cantidad de alimentos para una población creciente, sino además el cambio de dietas lleva a un aumento en la calidad de los alimentos, que genera más presión sobre la producción de insumos. Para ingerir la misma cantidad de calorías, se puede recurrir a comer maíz o carne. Si se opta por consumir carne vacuna, se necesitará alimentar un animal que consumo casi10 kilos de maíz por cada kilo de carne adicional. Además para cocinarla se necesitará aceite, lo cual impacta también en la demanda de oleaginosas.

En lo referente al consumo industrial, explotó el uso de biocombustibles. La razón fundamental de esto fue una decisión política de reducir la dependencia del petróleo. Es una cuestión política ya que el petróleo es el principal insumo para las economías desarrolladas, pero no está disponible en todos los países, sino en zonas que podríamos calificar de “conflictivas”. Tal es así que los países más desarrollados instauraron incentivos para la producción y consumo de combustibles de origen vegetal, fundamentalmente etanol que reemplaza a las naftas y es producido por maíz y azúcar, y biodiesel que reemplaza al gas oil, y se produ ce en base a aceites o grasas animales.

El tercer componente que cambió en la demanda, no fue tan real, pero no por ello menos importante. La inestabilidad financiera que se generó al entrar EEUU en la guerra contra el terrorismo, y la sucesión de burbujas financieras, llevó a que el temor a que la mayor liquidez que EEUU y otros países del mundo generaron para enfrentar estos problemas hiciera esperar pérdidas de poder adquisitivo. Esto junto a tasas de interés muy bajas, genera una ecuación de riesgo-retorno difícil de sostener. Frente a ella y como cobertura, los fondos de inversión protegen sus carteras comprando commodities. Al mismo tiempo, el desarrollo de los mercados de futuros, permitió que además de los refugios de valor tradicionales (metales preciosos y energía) también pudieran comprar otros commodities, como granos sin ir más lejos.

Resumiendo todo esto, lo que era estable, la demanda, dio un triple salto (mayor consumo humano en términos de cantidad y calidad + nuevos usos industriales + mayor demanda como inversión). Este corrimiento de la función de demanda generó que el nivel de precios subiera. La oferta en tanto siguió siendo igual de cambiante que antes. Sólo que ahora al estar en un nivel de demanda mayor, y con menores reservas, el impacto en los precios de cambios en las producciones esperadas causan movimientos mas violentos.
El aumento de precios que se genera tiene como fin reducir el consumo (al subir el precio, nos movemos en la función de demanda a un nivel de uso menor), e incentivar la producción (al subir el precio, nos movemos en la función de oferta a un nivel de mayor actividad productiva).

Pero este cambio ya lleva al menos siete años presente en el mundo. En esos siete años, la producción agropecuaria se hizo muy lucrativa, incentivando a los empresarios a introducirse en este negocio. Por ello vemos mayor presión en el costo de la tierra, y fuertes inversiones en tecnología que apuntan a incrementar los rindes.

La salida de este fenómeno puede venir de dos frentes: por un lado dentro de los elementos de demanda, el componente financiero podría desaparecer si el riesgo de pérdida de poder adquisitivo se redujera o subieran los rendimientos de los activos financieros (esto en el contexto actual es para descartar). La segunda posibilidad es que se genere una nueva “revolución verde” que permita producir más en base a los mismos recursos. En este camino nos encontramos, pero lo cierto es que la demanda le sigue ganando a la oferta.
Volviendo a la coyuntura de a poco, debemos decir que el año pasado tuvo la particularidad de que al alcanzar EEUU rindes récord en maíz y soja, la situación se descomprimió un poco. Pero al no lograr repetir la hazaña este año, los valores de los granos volvieron a dispararse. Al mismo tiempo, la posibilidad de que este año el fenómeno “la niña” genere menor producción en Sudamérica, hace que el temor a que el faltante de oferta se profundice.

En tanto la demanda sigue galopando. Las exportaciones que semana a semana EEUU informa son muy altas y siguen creciendo respecto al año anterior, lo cual es un termómetro de que el consumo en el mundo no afloja.

Sin embargo esto no implica que no tengamos movimientos de precios. La situación antes descripta llevó a que los fondos especulativos, que son aquellos que tratan de anticipar las tendencias de precio comprando cuando detectan factores alcistas para luego tomar la ganancia vendiendo, y viceversa, generaron posiciones compradas muy elevadas. Como los precios convalidaron su apuesta, y subieron a niveles prácticamente récord los mismos estaban a la espera de tomar ganancias, y lo hicieron. Sin embargo, mientras no tuvieron ninguna señal bajista a la vista, cuando algún fondo salía, otro entraba, y la situación se mantenía.

En este orden de cosas, la preocupación de que las tasas subieran en China y que Europa se desestabilizara por la revaluación del Euro y los problemas en los países más vulnerables del bloque, generaron las condiciones para la toma de ganancias.
El trigo perdió 11% en su precio, el maíz 7%, y la soja 4%, con reducciones importantes en la posición de los especuladores tradicionales.

Sin embargo es interesante notar que la posición de los fondos índice (los financieros), se incrementó en maíz y soja, y casi no cambió en trigo. Esto nos marca que el ambiente convulsionado financiero llevó compradores al mercado, lo que limitó las bajas que deberíamos haber visto.

Incluso esto nos explica la volatilidad que se ve en el mercado que pasa de días de fuertes subas a fuertes bajas. Los especuladores tradicionales quieren salir, pero los financieros quieren entrar. En el medio los que tienen interés genuino por la mercadería aprovechan las caídas para comprar.

El problema es que en este esquema la posición de los especuladores tradicionales todavía es muy grande, por lo que podemos ver todavía ajustes bajistas más importantes.
No obstante la situación de fondo sigue siendo la misma. Es más, tiende a agravarse de la mano de una demanda que está demostrando mayor presencia exportadora, y de la oferta que está tendiendo a reducirse en Sudamérica. Además partiendo de stocks muy bajos, el año próximo se requieren rindes récord para que los precios se mantengan.

Sobre el final de la semana la situación financiera también se estaba aquietando. China utilizó otras herramientas más sutiles que la tasa de interés para tratar de contener la inflación, los analistas entendieron que resultará difícil que se puedan hacer ajustes a los precios internacionales de los granos, y que en todo caso las intervenciones para moderar la inflación tendrían efectos puertas adentro, y finalmente el paquete de ayuda a Irlanda parece encaminado.
De todas formas, la sensación es que todavía no encontramos los pisos. De todas formas esta aseveración no puede hacerse sin al menos algún grado de duda. Por ello que toda decisión de venta debe ir acompañada de compra de CALL.
Pasando al mercado local, finalmente el lunes se otorgaron ROE VERDE de maíz. Los mismos se dieron justamente cuando los mercados internacionales bajaron, con lo que si bien es cierto que el precio local no bajó lo mismo que en el exterior, no nos permitió vender en el pico de la ola. Igualmente como comentamos antes, es posible que el mercado nos de nuevas chances más adelante.

En esta primera instancia se otorgaron 5 mill.tt. de ROE VERDE de maíz para cosecha nueva. Sin embargo, los exportadres ya tienen casi la mitad de eso comprado de antemano, así que el impacto se restrige un poco. No obstante, dado que el saldo exportable normal es tres veces mayor al menos que esta primera autorización, se descarta que habrá otras más adelante.

El problema es que no se hicieron anuncios para el trigo. El límite sigue en 3 mill.tt. de las cuales ya se otorgaron 2,4 mill.tt. Dentro de ese otorgamiento hubo un momento en los meses de agosto y septiembre, donde los exportadores estuvieron pidiendo ROE fuertemente, y compitieron entre si por hacerse de mercadería. En ese momento el diferencial contra el FAS teórico (valor que se debería pagar en el mercado interno en función del precio de exportación) existió pero fue menor al actual, que supera con creces los 35 U$S/tt.
Si bien el saldo remanente son sólo 600.000 tt, los exportadores mantienen una posición neta de unas 400.000 tt declaradas y no compradas, con lo que hay espacio para que adquieran alrededor de 1 mill.tt. dentro de los ROE autorizados actualmente.

El problema es que la trilla está avanzando desde el norte a paso veloz, y que en las próximas semanas comenzará a generalizarse en el centro del país, región donde la capacidad de retención de trigo es baja, y en la que la experiencia del año pasado es “quien se queda con trigo pierde”. Por esto esperamos un volumen de ventas que no va a poder ser absorbido por la demanda de exportación, al tiempo que los molineros se han retirado del mercado, ya que el excedente antes mencionado excede sus necesidades de compra de corto plazo.
Pasando a la soja, esta sigue copiando fielmente al mercado internacional. En el caso de la soja vieja, con un apetito importante de parte de la industria que tiene una demanda de aceite y harina importante del exterior, pero cuenta con poca oferta en el mercado local.

En el caso de la soja nueva, la predisposición de los productores a vender ha sido muy baja. De la información de compra, ventas y embarques que publica la Dirección de Mercados Alimentarios, vemos que sólo se vendió 10% de la soja a nivel país, cuando los precios estuvieron en máximos históricos. Esto demuestra que los productores le han “perdido el respeto” al mercado. Algo similar ocurrió con el trigo en su momento. No obstante, nos estamos manejando en un precio que sigue siendo muy bueno: los 300 U$S/tt a cosecha son excelentes, y todavía tientan a vender. Esa venta puede ser acompañada de compra de CALL para obtener un seguro por si los precios suben.

Así las cosas lo lógico es al momento tener un tercio de la soja vendida con CALL comprado, otro tercio con pisos por medio de PUT, y otro tercio reservarlo par ver como se plantea la campaña el año próximo, cuando el mundo se encuentre con stocks muy bajos, y una demanda creciente.

Ahora que el maíz está más cerca del valor internacional, extendemos esa misma recomendación a este cultivo.
En trigo es necesario asegurarse el espacio para entregar la cosecha, vendiendo a la exportación el porcentaje de la trilla que se estima no tenga calidad molinera. El resto debería guardarse, ya que ese trigo acompañará seguramente la paridad de exportación una vez transcurrido el pico de la cosecha.

Por Dante Romano, Director Académico del Centro de Gestión Agropecuaria