Uno es financiero. Es la cuestión del valor de las monedas.
Cuando un país (de importancia), a través de sus autoridades financieras, devalúa la moneda local, gran parte del resto del mundo tiende a seguirlo en ese camino.
Como consecuencia de esta sucesión de hechos, ninguno logra alcanzar una posición, claramente, más competitiva de la existente antes de comenzado el proceso devaluatorio.
El mundo sufre una suerte de tensión oculta entre países, a fin de trasladar unos a otros, vía revaluaciones/devaluaciones, parte del costo del ajuste que necesitan la economía de la U.E. así como la de EE.UU. y de Japón.
En este cuadro de pujas, los países desarrollados tratan de que sus monedas se devalúen. En este trajín, son las monedas de varios subdesarrollados las que pierden, es decir las que aumentan su valor en términos de divisas del primer mundo. Este es el caso de Brasil. Y, por ahora, también lo está haciendo el yen.
Así, las inversiones financieras buscan refugio en activos que no se licuen. En el oro y en los commodities. Y algunos lo hacen en las monedas de las economías emergentes.
Desde junio se nota una evolución negativa en el valor del dólar americano.
Está claro que el dólar es una de las que encabezan el ránking de divisas en pérdida de valor. Cada vez que ésta sufre una depreciación, los precios de los commodities tienen más alicientes para subir.
La depreciación de esta divisa presiona a la suba sobre los valores de los commodities, en general, como es el caso de los granos, del aceite comestible e, incluso, del petróleo.
A su vez, toda mejora en los precios del combustible estimula la demanda, principalmente, del maíz y de la soja, para satisfacer las crecientes necesidades de la industria bioenergética.
El dólar es una moneda confiable para el mundo. Representa cerca 80% de las operaciones comerciales del globo. Por ello mismo, es crucial su comportamiento en la formación de los precios de los granos y los subproductos.
El gráfico que sigue nos muestra cuántos dólares se necesitan para comprar un euro.
Acá vemos cómo desde junio a la fecha, el dólar –con altibajos- ha ido perdiendo valor.
Abajo, tenemos el gráfico correspondiente a China, donde por cada dólar, a partir de junio, se van necesitando menos “yuan” (CNY).
En seguida, apreciamos el gráfico del yen de Japón. Por cada dólar, se muestra la cantidad de “yen” (JPY) que se necesitan para adquirirlo.
Vamos a un país del sudeste asiático como Tailandia. Veamos cómo se van requiriendo menos “baht” (THB) para llegar a un dólar.
Claramente, el dólar va desvalorizándose. Por supuesto, no debemos olvidar que este camino no durará mucho tiempo.
El mundo muestra hoy cómo aquellas monedas que, en esta puja, no logran perder valor -como lo hace el dólar- pasan a tener mayor poder de compra. Este es el caso de Japón, de Gran Bretaña y de la U.E. y aún (en menor proporción) de China. Estos son mercados que demandan granos y subproductos.
En el caso de este ultimo país, vale recordar que, este año, el yuan ha sufrido una revaluación (por ende el dólar se ha depreciado) del orden del 3%. Lo interesante es que se ha quebrado una política de mantenimiento de tal moneda atada al valor del dólar y, por ende, se espera que este proceso continúe de manera paulatina.
Esta forma de encarar el fortalecimiento del yuan aseguraría que la economía china no padezca una recesión. La estrategia sería: “de a poco, pero sin pausa”. Se trata de una novedad que tienda a fijar pisos a los valores de los granos, en vista de que, por tal estrategia, el salario real de la población china iría en aumento en los próximos años. Y, como sabemos, se trata de los salarios de un país de casi 1.400 millones de almas.
El otro puntal está en el clima.
Si bien el mercado de granos y subproductos ya ha tomado en cuenta el clima seco de la zona agrícola del Mar Negro, ahora, estaría haciendo lo mismo por los inconvenientes que sufren tanto la siembra y el nacimiento como la primera etapa del desarrollo de los trigos de invierno en EE.UU. Por eso, hay un empuje nuevo.
Acá es donde el trigo halla un fenomenal sostén, a partir del clima seco en las regiones productoras ese país. Para colmo, los pronósticos son duros, pues los próximos cinco días serían secos.
El pronóstico referido a los próximos diez días revela lluvias por debajo de lo normal con elevadas temperaturas.
Se espera que la situación de déficit de humedad en los suelos se agrave. Así, es posible que asistamos a una baja en la oferta de trigo. Esta cuestión, más que incidir en el propio cereal, afectaría la situación de la soja y del maíz.