En su último reporte, el USDA estimó rindes inferiores a los esperados, en América del Norte.  Por ello, la mejora en las existencias de soja en EE.UU. será de menor cuantía a la que se calculaba antes de dicho informe.  

A su vez, el panorama en el hemisferio sur presenta interrogantes, básicamente, por las inquietudes surgidas con la sequía a lo largo del ciclo de desarrollo de los sembradíos.

América del Sur comienza la campaña sojera con la sombra de La Niña acechando. De cumplirse los pronósticos, habrá una sustancial baja en el volumen de agua caída entre noviembre y marzo. Será un final de primavera y un verano más bien seco.

Como se trata de una cuestión de predicción, la palabra final no está dicha. Pero sí, el temor se ha instalado en los productores. Algo que sin lugar a dudas incide en la decisión de siembra.

Como se sabe, el segundo productor del mundo es Brasil. Si así es la cuestión, todo lo que pasa allí es fundamental en la formación de los valores de las oleaginosas.

Al respecto hay un hecho que está sosteniendo los precios, por el lado de las expectativas de oferta: la demora en la siembra correspondiente al Estado de Mato Grosso.

Es el Estado que empieza la cosecha en Brasil, pues es, a su vez, el primero en sembrar, dada la latitud en que se encuentra. Es, por lo tanto, una región de peso comercial.

¿Qué está pasando allí? La siembra de la superficie planeada apenas ha llegado a poco más del 16%. Este porcentaje es muy bajo puesto que el año pasado, para esta fecha, era de casi un 37%.

Si bien el clima es un factor decisivo a la hora de sembrar, la decisión también está afectada por la competitividad derivada de la moneda local. La permanente apreciación del “real” no hace más que licuar la capacidad adquisitiva del precio de la soja. Y por ende el peso de los insumos crece en la estructura de costos brasileña.

El año pasado, para la fecha actual, el precio FOB en el puerto Paranaguá rondaba en torno a u$s430 por tonelada. Hoy el valor es de u$s 475. Es más alto, no hay duda. Pero por la suba del “real”, la capacidad adquisitiva de este valor es menor. Así las cosas, el interés por este negocio baja.

En cuanto a la oferta del otro sudamericano de peso, la Argentina, hay que decir que las condiciones climáticas son mucho mejor de lo que se esperaba hace unos treinta días.

Pero también vale remarcar que los precios no son tan buenos como se puede apreciar a primera vista. Los valores de los insumos han crecido notablemente y los precios en general, también.

Para decirlo más claramente: el año pasado para esta fecha el precio de la soja giraba en torno a $980 y hoy está alrededor de $1.200. Parece mucho más. Sin embargo no lo es. Al menos, no lo es considerablemente.

Si consideremos una inflación del orden del 21% anual. Vemos que el valor del año pasado equivale a un valor actual de $1185. Un valor prácticamente similar al actual.

Este análisis no es para tirar abajo el optimismo. Por el contrario, es para meditar. Porque si se observa una baja, ella no debería ser pronunciada, ya que los actuales precios, como se publica en diversos medios, no resultan muy elevados.

Por el lado de la demanda, el cuadro futuro es interesante. Y no sólo lo es para lo inmediato, también, lo es para el mediano plazo.

Se vislumbra una apreciación de las monedas asiáticas y de los países que producen materias primas. Sobre ello hay coincidencia.

Por lo tanto, los mercados internos de los países allí comprendidos continuarán creciendo. De hecho, lo van a hacer más rápidamente que los países desarrollados. Algo inédito en los últimos dos siglos.

En consecuencia, el cuadro es positivo.