En esta suba de los últimos tiempos, los fundamentals han hecho un aporte sustancial, de la mano de diferentes inclemencias climáticas y de distintos aportes provenientes de los mercados financieros y de las importaciones. Que ha sorprendido por su velocidad de incremento.

Cualquiera que está en la actividad debe estar preguntándose: ¿durará mucho más este tiempo de bonanza?

Que se vayan a registrar caídas en los valores, sería lo más probable. Básicamente por retiros de fondos a fin de efectivizar ganancias. Quienes se dedican a la especulación, sobre todo, están prestos a salir del sistema.

Pero no habría que pensar en una tendencia firme a la baja. Seguramente, en algún momento los valores se reduzcan, pero ello no significa que vuelvan a los niveles previos. ¿Por qué? Porque hay razones de peso a favor de cierta firmeza en los precios.

Existen todavía soportes robustos para alentar buenos precios. Los rendimientos en EE.UU., por ejemplo, parece que van en baja. Las nuevas estimaciones, seguramente, así lo determinen.

A su vez, en el hemisferio sur, la Niña sigue amenazando y los pronosticadores continúan asegurando la ocurrencia de este mal.

Brasil sufre hoy una falta de humedad considerable que impide una normal siembra de soja.

Argentina, también, está preocupada por La Niña, aunque -justo es aclararlo- el problema de una sequía parece lejano dado el perfil de humedad que registran los suelos, luego de mediados de noviembre comenzará a sentirse la falta de agua con el rigor que la caracteriza.

En este contexto, no sólo la soja muestra un cuadro de demanda interesante. También lo hace el maíz, sobre todo por los precios cada vez más elevados del petróleo.

En tanto el dólar sigue su derrotero de baja. Y ello alienta la demanda.

China sigue bajo la presión de Norteamérica para que revalúe más su moneda. Desde junio a la fecha, la apreciación no ha sido suficientemente visible. Apenas ha llegado al 3% respecto al dólar.

Es posible que en breve China ceda a los embates de las naciones más desarrolladas, en medio de esta suerte de “guerra de monedas” como se ha dado en llamar.

Lo bueno es que los mercados emergentes están mostrando una inusual fortaleza económica que induce, a los inversores, a volcar sus fondos allí. Esta tendencia lleva a que las monedas de estos países se aprecien, y en consecuencia, a que el dólar se devalúe más aún.

De esta forma, aquellos importadores de granos cuya moneda se fortalece con respecto al dólar, incrementan su poder de compra, y en consecuencia, su demanda.

Además un productor-oferente mundial, como es Brasil, continúa con el real muy apreciado. A resultas de ello, la capacidad competitiva se ve reducida frente a países como Argentina y los productores locales no tienen el aliciente de otros tiempos.

Es muy posible que, pese a los controles que las autoridades implementan al ingreso de capital, Brasil no logre contener la apreciación. Al menos en el corto plazo.