Las importaciones de soja y sus derivados caminan con fuerza.

Una demanda, que traccionada fundamentalmente desde Asia, sostiene los precios pese a la expectativa de una extraordinaria oferta proveniente de EE.UU.

Se está calculando una producción, en este país, próxima a 95 millones de toneladas. Es que el clima está pateando a favor de una buena cosecha. Tanto los precios del maíz como de la soja están bajo la presión del clima benigno que se registra en las regiones productoras.

Pero la demanda no afloja. Y China sigue empujando el carro. Las compras de este país representan casi un 60% del total de las importaciones del mundo.

Algo que se está consolidando entre los operadores es la visión sobre una demanda de largo plazo, que habría de continuar sostenida por muchos años.

Europa está bajo el castigo de una fuerte sequía y sus cultivos la sienten. El girasol y la colza están sufriendo sus efectos.

El mundo se pregunta: ¿de dónde vendrá el reemplazo frente a la baja de producción de estas oleaginosas? La respuesta es obvia: de la soja.

Así que, en tal caso, a la demanda asiática, se le agregaría la europea.

En lo que respecta al mercado local se nota una clara tendencia al incremento de las exportaciones de haba de soja en desmedro de la harina y el aceite.

Mientras el mensaje oficial habla de una mayor industrialización, la realidad muestra lo contrario.

De acuerdo a la BCR, la relación ventas externas productos soja (con los biocombustibles) versus ventas externas grano se ubicaría en torno a 1,5, en tanto que la media histórica revela que por cada 2,5 toneladas de productos se exporta 1 tonelada de grano.

En la balanza comercial que nuestro país mantiene con China, se advierte claramente que, cada más, aumenta el peso de lo primario en desmedro de lo industrializado.

En tanto China exporta a la Argentina bienes de capital. Al tratar de proteger algunas industrias locales, lo que se ha logrado es vestir un santo con la vestimenta de otro y, así, en lugar de mejorar, hemos ingresado en un campo de juego donde el que tiene la pelota es China.

No hemos perdido la guerra, pero sin dudas, estamos perdiendo las batallas que, por ahora nos conducen a la derrota. El papel que cumplen las exportaciones de la soja en grano, en estas batallas, es el más relevante; y el aceite está pasando a ser un fantasma.

La estrategia china está funcionando. Por supuesto, para este país. Y nosotros sólo atinamos a formar comisiones de análisis.

En lugar de plantear un plan global y estratégico para consolidar al país como gran oferente de aceites, nos enredamos en inexplicables políticas comerciales.

Pero, en fin… el cuadro mundial, pese a todo, nos favorece.