La dureza con que se está desarrollando la puja interna en el PJ para elegir
la fórmula presidencial reflotó el proyecto de ley de lemas que impulsa el
senador santafecino Oscar Lamberto. La inicitiva ya generó tal polémica en el
ámbito político que es probable que la Justicia termine dirimiendo si es
válido aplicarlo, con lo que los jueces tendrán una intervención decisiva en
el resultado de los comicios.
La probabilidad es el escenario más temido y menos deseado por los jueces.
"Los temas políticos deben resolverse en el terreno político y no deben
judicializarse las elecciones", repiten varios jueces y funcionarios
federales con competencia electoral. "Espero que este proyecto no pase el
Congreso", confió a LA NACION otro magistrado.
Es probable que el Congreso Nacional nunca llegue a aprobar esta ley, pero si lo
hace y los jueces deben pronunciarse, hay un dato que permite prever cuál
podría ser su sentencia: son muchos los constitucionalistas que sostienen que
la ley de lemas es abiertamente inconstitucional.
Si bien el presidente Eduardo Duhalde rechazó la ley de lemas y acordó con los
senadores del PJ durante una reunión ayer, en la quinta de Olivos, avanzar en
el programa original, que prevé que el 24 de noviembre se vote con el padrón
general en las elecciones internas abiertas y simultáneas.
Hace dos meses, el Congreso aprobó la ley de elecciones internas abiertas, pero
el menemismo, incluso con una presentación judicial que hoy casi olvidó y no
volvió a impulsar, cuestionó los decretos que dictó el presidente Duhalde
para reglamentarla. Por eso, varios legisladores propusieron dirimir el
conflicto interno del justicialismo aplicando, por única vez, el sistema de ley
de lemas.
El gobernador de Santa Fe, Carlos Reutemann, salió a avalar esta iniciativa
que, por el contrario, fue rechazada por muchos otros políticos. Ayer, la
diputada Elisa Carrió (ARI), el senador Carlos Maestro (UCR) y diversos voceros
del menemismo coincidieron en objetarla.
Por su parte, el gobernador de Córdoba, José Manuel de la Sota, que siempre se
manifestó en favor de realizar comicios internos abiertos, dijo que está
dispuesto a ir a elecciones "de cualquier forma". En cambio, el
secretario general de la Presidencia, Aníbal Fernández, opinó que "si no
se reforma la Constitución nacional, no se puede aplicar".
Punto por punto
¿En qué consiste la ley de lemas? El proyecto no es distinto de los que se
impulsaron en otras oportunidades:
Cada partido (lema) presenta en la primera vuelta una o varias líneas internas
(sublemas). Por ejemplo, todos los candidatos del PJ se presentan a competir. La
gente vota al sublema (los candidatos de alguna de las líneas internas) que
prefiere.
¿Cómo se suman los votos? El candidato más votado se lleva los votos de todos
los demás candidatos de ese partido (lema). Por eso, los votos emitidos por
muchas personas en favor de sus candidatos terminan por favorecer a otro
candidato.
El artículo 98 de la Constitución nacional dice que gana la elección, en la
primera vuelta, la "fórmula" de candidatos que haya obtenido el 45
por ciento de los votos (o el 40 por ciento de los votos y 10 puntos de
diferencia sobre el segundo).
Es decir, la Constitución dice que la gente no vota un partido, sino una
fórmula de candidatos. Por el contrario, el proyecto de ley de lemas dice que
"resultará elegida la fórmula del lema" que haya obtenido más el 45
por ciento. Es decir, el cómputo se hace por partidos, no por candidatos. Así,
puede ocurrir que un partido que tiene muchos sublemas reúna, sumando los votos
de todos sus candidatos, más del 45 por ciento. Entonces, el presidente sería
el candidato más votado -quizá apenas con el 15 o 16 por ciento- de ese
partido.
Opiniones
Más allá de lo que establece la Constitución, parece difícil que un
candidato que obtuvo un porcentaje tan bajo de votos, convertido en presidente,
pueda gobernar.
"El mecanismo de la ley de lemas es inconstitucional. No tengo dudas. La
Constitución dice que el cómputo se hacer por fórmulas, no por partidos. La
ley termina tergiversando la voluntad de la gente, que elige a un candidato y
sus votos terminan en mano de otro para el que, probablemente, no tienen
simpatía alguna", opina el constitucionalista Germán Bidart Campos.
El constitucionalista Daniel Sabsay coincide: "La gente, para la
Constitución, vota a candidatos. Y esto, en la realidad, es así. Los
ciudadanos, a la hora de votar, tienen en cuenta a las personas que son
candidatos, en sus cualidades. Se fijan en eso. La ley de lemas, en cambio,
considera que los candidatos son circunstanciales y que la gente vota partidos
y, esto, no es cierto. A todos les importan las personas".
El proyecto también establece que si ningún lema (partido) reúne esos
porcentajes, habrá segunda vuelta.
¿Quiénes son los candidatos que pasan a la segunda vuelta? "Participarán
las fórmulas que representen a los dos lemas (partidos) más votados en la
primera vuelta", dice el artículo 12 del proyecto.
Este sistema parece incompatible con la Constitución. "Creo que sería
mucho más aceptable que cada partido presente a muchos candidatos, pero sin
aplicar la ley de lemas. Y que sólo los dos candidatos más votados pasen a la
segunda vuelta. Esto es más fácil de entender para la gente y no es
inconstitucional", dice Sabsay. Sólo sería necesario que el Congreso
reformara el Código Electoral.
Por ahora, la única presentación que existe en la Justicia es la que hizo
Carlos Menem contra el decreto 1397/02, por el que Duhalde permitió que los
partidos con lista única no se sometan a las internas abiertas que establece la
ley 25.611, que es la norma que ahora está vigente.
Después de una semana, la jueza María Servini de Cubría no le envió el
expediente aún al fiscal Jorge Di Lello. No responde a negligencia, sino a la
intención de que los políticos solucionen el debate en el plano político.
Los problemas son dos. Por un lado, los jueces deben confeccionar los padrones y
todavía no está claro cómo se va a votar.
El otro, cualquier resolución que adopten los magistrados será interpretada
por los políticos y la gente en el sentido de que quieren beneficiar a un
político o perjudicar a otro.