Pese a ello no puede autoabastecerse. Y para que su industria camine, tiene que salir a comprar soja.

Para cumplir con sus planes de molienda, debe importar gran cantidad de poroto de soja sin procesar. Alrededor del 70% de sus necesidades de soja proviene del exterior. De países como Brasil, EE.UU. y Argentina.

De esta industria, sale gran parte del aceite de soja que el país consume. Pero no todo. Necesita de la importación.

Hasta hace poco más de tres meses, la mayor cantidad -por lejos- de aceite importado era de la Argentina.
Pero ahora estamos en un brete con la puerta cerrada.

De hecho, y pese a los anuncios oficiales, la Presidente ha vuelto al país, luego de su estancia en China, sin nada concreto. Con las manos vacías.

El tema es alarmante y no resulta lógico que las autoridades nuestras especulen con la necesidad de China, sobre la base de que no podrá completar sus necesidades si sólo recurre a otros países y deja de lado a la Argentia. Esta apuesta puede terminar mal.

Y entre otras cosas, contribuirá a acelerar el proceso de industrialización que China ha iniciado hace unas dos décadas, en contra de los intereses de la Argentina, más precisamente, de las plantas de crushing, fundamentalmente instaladas en la zona de Rosario. En lugar de demorar u obstaculizar, aceleramos la cuestión.

En suma: contra lo que proclama, la estrategia oficial está logrando que, al tiempo que la producción de materia prima crece, disminuya la tendencia al agregado de valor. Y abre las puertas para que nuestros competidores sí agreguen valor a la producción primaria.

En tanto, las plantas aceiteras del país sienten el golpe: ha desaparecido el principal comprador y hay que recurrir a otros mercados. En buena parte se ha logrado sortear la cosa mediante importantes ventas a India. Y merced a la demanda de la industria de biodiesel que, día a día, crece en nuestro país.

Pero ello no es suficiente.

La reducción de la demanda externa -por la ausencia de China- induce a la baja del precio FOB (Rosario y puertos argentinos). Y así nuestro país tiene, hoy, un aceite que cotiza por debajo del brasileño. Brasil tiene, ahora, todas las de ganar.

A consecuencia de la caída de colosal comprador, la industria debe sobrellevar un contramargen. Según la BCR tal contramargen llegaría a u$s10 por tonelada.

Como Uruguay cantaba y festejaba la política ganadera de nuestro país, hace unos pocos años, hoy Brasil baila al compás de la música de Ipanema.

Servido en bandeja, señores.