Las interpretaciones sobre el desenlace son variadas. Y la información oficial tiene un color diferente a la de las empresas involucradas.
Lo que importa es resolver la cuestión rápidamente; las secuelas ya están a la vista.
Los embarques de soja han sufrido modificaciones. Últimamente, se han concentrado en Bahía Blanca en desmedro de los puertos próximos a Rosario (Río Arriba).
Este cambio geográfico indica que las exportaciones de poroto han pasado a tener mayor volumen que las de sus derivados (aceite y harina).
Recordemos algunos datos.
Cerca de 50 plantas son las que industrializan la totalidad de la soja argentina, con una capacidad de molturación próxima a 110 mil toneladas por día.
La actividad industrial del complejo se concentra en la zona de Rosario, en las zonas aledañas al río Paraná. La mayoría de las plantas aceiteras están allí. Y tienen capacidad para procesar alrededor del 80% de la producción.
Las plantas reciben la soja en un radio menor a los 350 Kms. Por ello, el flete es reducido en comparación con el de EE.UU. o el de Brasil; y eso significa una importante ventaja comparativa.
El volumen de aceite producido por año se acerca a 7,5 millones de toneladas.
Argentina es el primer exportador mundial de aceite de soja.
Las empresas exportadoras más importantes son seis: Cargill, Bunge Argentina, AGD, Dreyfus, Vicentín y Molinos Río de la Plata. Ellas tienen alrededor del 85% del total que se exporta.
Las exportaciones de aceite de soja llegan a más de 40 países. Pero la realidad es que la mayor parte se dirige a China e India (casi 60%).
Argentina exporta unos 4,8 millones de toneladas. De ese volumen, casi 2 millones van a dar a China. La concentración de destino es elevadísima.
Además de los dos citados, los principales destinos son Corea, Bangladesh, Perú, Marruecos, etc.
Así son las cosas: China se lleva más del 40% de las exportaciones de aceite de soja argentino.
A su vez, China importa alrededor de 10 millones de toneladas de aceite vegetal. Cerca de 2,5 millones de toneladas son de aceite de soja. Es decir que del total de importaciones de aceite de soja, el 80% proviene de Argentina.
Por ello, y a consecuencia del cierre de sus importaciones, la Argentina ha experimentado una baja en el nivel de sus exportaciones de aceite de soja de más o menos un 75% en los últimos tres meses respecto al mismo período del año pasado.
Si en el promedio histórico, alrededor del 70% de la producción de soja se exportaba como (aceite y harinas), en estos tres meses tal proporción habría bajado a 33%, en términos muy gruesos.
En la pulseada de las autoridades argentinas y las de China, el país que tiene mucho para perder es el nuestro.
A medida que el tiempo transcurre, es mayor la posibilidad de que China acentúe su política para favorecer la industrialización del poroto de soja.
¿A qué nos referimos con ello?
Se sabe que la estrategia china es promover la industrialización de la materia prima mediante aranceles diferenciados. Hasta ahora, tal estrategia se concentraba en la producción de aceite de palma y de colza.
También la promoción apunta a la soja, pero la mayor intensidad es para las otras dos producciones.
Es posible que el actual litigio empuje a las autoridades chinas a dar más aliento a la industrialización de la soja. La alarma suena. Y más si se toma en cuenta que no existe una provisión externa alternativa suficiente.
El argumento para sostener la barrera para-arancelaria, impuesta por la limitación argentina al ingreso de ciertos productos chinos, puede ser un nuevo aliciente para provocar un mayor desarrollo, todavía, de la industria sojera en desmedro de las exportaciones de aceite de soja argentina.
El perjuicio que recibe la industria sojera de nuestro país es grave.
Los perdedores pueden ser muchos. También va a quedar golpeada la producción, si estos problemas bilaterales no se resuelven en breve, fundamentalmente porque la industria es el principal eslabón que adquiere el poroto de soja.
¿Cuándo terminará este culebrón? Porque la cenicienta no es de la ficción sino que es muy real.