A veces, la corriente nos lleva a creer que las cosas va a ir de mejor en mejor y a veces, todo lo contrario. Hoy, el análisis de los Fundamentals presenta muchas dudas sobre los precios.

Los datos son relativamente positivos para el maíz, pues los niveles stocks/consumo no abandonan el espacio de la incertidumbre. Pero no se puede decir lo mismo para la soja. Acá el cuadro presenta aspectos negativos, pues tanto EEUU como el mundo pasarían a tener un nivel de stocks más o menos interesantes. Por ello, la cosa no es muy alentadora.

Tampoco, resulta serlo desde la mirada del valor del dólar.

La revaluación del dólar debería ir en contra del valor de los granos. Sin embargo, hay elementos que pueden neutralizar los aspectos negativos o, al menos, poner un piso muy aceptable para lo que resta del año.

En los últimos meses, las estadísticas revelan que los países de Asia han mantenido un camino de crecimiento en el comercio exterior, pese a todos los inconvenientes y a los problemas financieros globales.

Este continente es decisivo en la formación de los precios, pues concentra buena parte de la población mundial.

Con una marcada tendencia al aumento del consumo por habitante, su población de cerca de 3 mil millones de personas, es decir la mitad de la población del mundo entero, continúa demandando –de forma creciente- alimentos.

China, como gigante mundial, no ha quedado afuera de este fenómeno. Por el contrario, lo lidera. Y la verdad es que su acción importadora ha seguido en ascenso y, en este derrotero, el crecimiento en las compras externas  parecería haber comenzado a superar la dinámica de sus exportaciones.

Este es un dato muy interesante.

En medio de ello, poco a poco, se va a aproximando a ocupar la posición de segunda economía del mundo.

Por ello, su moneda -el yuan o más bien el renminbi-  toma cada vez mayor protagonismo en las operaciones de intercambio mundial.

China mantiene una estrategia de subvaluación de su moneda, como eficaz manera de promover sus exportaciones y desalentar sus importaciones y, por ende, para “proteger” su industria doméstica.

El Banco Popular de China ha establecido un nivel de 6,85 yuan por dólar, fijo desde julio de 2008.  Este tipo de “ancla” lo mantiene allí, firme, como soldado de plomo.

Las cosas venían bien para China. Pero desde hace un tiempo, la economía china empezó a mostrar signos de recalentamiento y una tasa de inflación considerable, estimada en un nivel de 5%.

Así las cosas, es posible que la moneda china tienda a revalorizarse. Ello implicaría una desvalorización del dólar, no frente al euro, sino frente al yuan.

Ahora, frente a un cierto recalentamiento de su economía que deriva en inflación, es posible que las autoridades chinas cedan a las presiones internacionales, sobre todo de EE.UU. Ello significaría, en buen romance, una suave apreciación del yuan.

A lo largo de lo que resta del año 2010 y buena parte del próximo, las autoridades chinas podrían modificar su política cambiaria, modificando la actual relación con el dólar y, seguramente, utilizando una cesta de monedas duras.

Si lo hacen,  el yuan comenzaría a transitar un suave camino de apreciación con respecto al dólar.

De ser así, la capacidad adquisitiva de China se incrementaría. Por lo tanto, los valores de los granos y de sus correspondientes subproductos tendrían un nuevo soporte. O, quizás, un elemento de presión para la suba.

En tanto China sigue con sus importaciones, ahora ampliadas al maíz.

USDA confirmó que China ha realizado compras de maíz en EEUU de consideración.

Un punto interesante es el de los problemas climáticos, similares a los del año pasado, que presionarían sobre los mercados.

Así parece ser el cuadro. Como las páginas del futuro no están escritas, lo que podemos hacer es mantenernos informados sobre los cambios que el mundo muestra día a día. Y sacar nuestras propias conclusiones.