Todavía no finalizó el impacto causado por la última peor campaña de este cereal en decenas de años y los problemas de comercialización, cuando los productores, sin precios ciertos a la vista, se lanzaron a sembrar.
Como explicó el Panorama Agrícola Semanal (PAS) de la Bolsa de Cereales, si las lluvias son favorables, la superficie cultivable puede crecer en un millón de hectáreas (25% más).
"En números absolutos podrían implantarse 4,2 millones de hectáreas que, de todos modos, sería 28% menor al promedio de los últimos cinco años y muy lejos de la máxima histórica registrada en 1982-83 con 7,4 millones", informó el análisis, que dirige el ingeniero agrónomo Eduardo Anchubidart.
Las dificultades para vender el último trigo marcaron a fuego las relaciones del gremialismo agrario, firmándose acuerdos para organizar listados de comercialización.
El cereal no tuvo transacciones con libertad para la exportación y tampoco la demanda local colmó las expectativas de los ruralistas que mantienen el producto y la nueva soja, que podría alcanzar los 54,8 millones de toneladas al término de la presente cosecha.
La campaña triguera 2010-2011 cayó como una lluvia serena sobre el agitado campo argentino que, por estos días, vivió un alto acatamiento al cese de comercialización de hacienda para faena, con el nulo ingreso de animales al Mercado de Liniers en respaldo a reclamos de los trabajadores de frigoríficos.
Mientras crece la tendencia hacia el trigo, en la zona de Necochea se calcula como rinde para tener rentabilidad en campo propio unos tres mil kilos por hectárea.
Las coberturas con el cereal --que facilita la rotación, tras la soja, y el mantenimiento del suelo con el mejor equilibrio posible-- comenzaron puntualmente en el norte cordobés y por el extremo sur bonaerense.
La extracción de nutrientes, sin embargo, es un problema nacional: la relación insumos-cultivos con el costo de los fertilizantes hace peligrar la reposición de microelementos y de otros minerales (nitrógeno, potasio o fósforo).
Igualmente, los productores parecen ir por las hectáreas trigueras,
lanzándose con las sembradoras ante la expectativa de que las condiciones de
comercialización ratifiquen la mejoría.
Matilde Fierro/NA