Manuel Alvarado Ledesma
Economista. Director de Consultoría Económica para el Agro (CEA)

La aplicación del Plan Real, a mediados de 1994, produjo el explosivo aumento de nuestras exportaciones hacia ese destino. De tal forma que el último cuatrimestre de ese año, las exportaciones alcanzaron el récord de 28% sobre el total de ventas externas. Luego de tres años de déficit en la balanza bilateral, 1995 mostró un fuerte superávit que se prolongaría hasta fines de la década.

La realidad es que dicho plan fue gradualmente produciendo una relación cambiaria favorable a nuestro país, con un "real" que iba revaluándose y, en consecuencia, aumentando nuestras posibilidades de exportación.

El tipo de cambio entre 1994 y 1998 fue un 15% inferior al correspondiente al período 1991-93. Por esta alza de valor del "real", en muy poco tiempo, Brasil pasó a ser el principal destino de nuestras exportaciones.

En el cuadro de exportaciones hacia ese destino, las de productos industriales predominaban siguiéndole en importancia las de origen agropecuario.

Con respecto a estos últimos, la adopción del Plan Real promovió su colocación, dado el incremento del tipo de cambio real Argentina-Brasil y el aumento del consumo en alimentos que éste trajo aparejado.

Desde el lado brasileño, se observa que, desde 1994, la participación de nuestro país en las importaciones de alimentos fue notablemente creciente. Sobre el total importado por Brasil, dicha participación pasó del 37% en 1995 al 49% en 1998. Es decir que casi la mitad de los alimentos importados fueron de origen argentino, con un peso superior para hortalizas (73%), legumbres (72%) y trigo (69%) y levemente inferior para frutas (46%) y lácteos (45%).

Dicho crecimiento llevó a muchos bienes a caer en una altísima concentración de destino en Brasil. El 90% de las papas y las legumbres, el 85% del arroz y el 50% de frutas secas, hortalizas exportadas se dirigieron hacia allí en 1998, el año de mayor participación de Brasil en nuestras ventas externas.

Durante este período, del total de exportaciones argentinas de origen agropecuario, los otros destinos fueron perdiendo peso de forma muy visible. La U.E. pasó de 40% a 25% y NAFTA lo hizo de 12% a 8%, mientras que Brasil subía de 10% a 19% en la estructura de ventas al exterior.

Fue el período de la Brasil-dependencia.

Muchos sectores de la producción comenzaron a tener una delicada dependencia en gran parte del mercado brasileño, beneficiándose con un proceso de colocación creciente pero, al mismo tiempo, exponiéndose a los vaivenes de un solo comprador.

Un cambio desfavorable

A partir de 1998, las crisis asiática y la rusa golpearon duramente a Brasil. La debilidad de la economía brasileña propició la desconfianza de los inversores iniciándose, así, un continuo flujo de capitales al exterior.

Así la huida del "real", dada las alicaídas reservas internacionales, indujo a una violenta devaluación que, al comenzar 1999, alcanzó un valor superior a 65%.

Al volverse más caras las importaciones, el mercado brasileño se contrajo drásticamente. A ello se agregó la aguda recesión interna propia de la abrupta devaluación, donde los ingresos de los asalariados se vieron reducidos drásticamente.

A su vez, las exportaciones pasaron a ser más baratas, por lo que Brasil pudo colocar con mayor facilidad bienes en el mercado argentino, así como ubicar bienes de la agro-industria, compitiendo con nuestro país en mejores condiciones.

Al comenzar 1999, la situación se había vuelto dramática. No sólo se había reducido Brasil como demandante sino que, como competidor, se había fortalecido. Por ello, al terminar ese año, Brasil cayó al 18% dentro del cuadro de destinos de las exportaciones agropecuarias argentinas, mientras que U.E. y NAFTA recuperaban parte del terreno perdido al subir al 30% y al 9,4% respectivamente.

Vuelve la buena

Pero las cosas cambiaron a lo largo del año 2000 y 2001.

Después de haber sobrepasado la barrera de 2 dólares en enero de 1999, para fines de ese año, ya había llegado a 1,85 dólares. Continuando con este rumbo de apreciación, para mayo del año 2000 1,80 dólares para comprar un "real".

No cabe duda de que la moneda brasileña en camino de revaluación, en el marco de una economía nuevamente en expansión, contribuyó durante el año 200 a recuperar el nivel de nuestras exportaciones. Vale recordar que, en el primer cuatrimestre del año pasado, el valor de las ventas argentinas hacia Brasil subió 17% bajo la fuerza motorizadora de las agropecuarias.

Aunque la última palabra siempre la tiene el inestable cuadro de flujo de fondos internacionales, cuyo centro decisorio es propio del hemisferio norte.

¿Y... ahora?

La crisis argentina y el panorama político, más la propias debilidades de la economía brasileña han permitido en este año un nuevo proceso devaluatorio. Y la amenaza se acaba de hacer realidad.

Ahora enfrentamos de nuevo el riesgo de la pérdida de valor de la moneda de Brasil.

En tan sólo treinta días, el real sufrió una depreciación de aproximadamente 25%.

Un análisis preliminar induce a centrar la atención en los dos principales rubros de nuestra economía agropecuaria: la soja y el trigo.

Brasil aporta nada menos que el 23% de la producción mundial de soja. En tal caso, es el segundo productor del mundo. Con relación al trigo, su rol es opuesto, por cuanto de gran productor mundial exportador pasa a ser, junto a Japón y Egipto, primer importador del mundo.

Lógicamente, siendo el cuadro así, tanto el precio de la soja como del trigo han de verse visiblemente afectados por la devaluación del real.

De la mejora de competitividad exportadora de Brasil, lo acertado es estimar que la devaluación es un factor de baja en los precios internacionales de las oleaginosas.

Para el trigo, los serían resultados semejantes. La devaluación también repercute pero lo hace sobre el precio interno del grano y así es menos conveniente toda importación. En tal caso, ella debería actuar como factor bajista en el precio internacional del grano.

Malas noticias las que vienen de Brasil. Por fortuna del resto del mundo, ellas son positivas.