Este problema es fundamentalmente para el maíz. Pero de una forma u otra incide en los precios de la soja.
La realidad es que los pronósticos hablan de una primavera boreal lluviosa y fría, por lo que las siembras tanto de soja como de maíz podrían sufrir retrasos.
En tanto en América del Sur, las cosechadoras avanzan raudamente. En Brasil la trilla está mostrando buenos rindes. Se estima que ya se ha cubierto el 25% de la superficie sembrada.
En la Argentina, todavía faltan unos días.
Según la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, el volumen a cosechar rondará en torno a 55 millones de toneladas. La Bolsa de Cereales de Rosario calcula una producción próxima a 52,5 millones, con un área implantada de 18,7 millones de hectáreas y un rinde promedio de 28,5 quintales por hectárea.
De acuerdo a las últimas proyecciones del USDA, entre Argentina (53 millones) y Brasil (66 millones) se aguarda un total de 119 millones de toneladas que habrán de ingresar a los puertos entre marzo y mayo próximos.
La única señal de alarma está dada por las precipitaciones. Los suelos están más que recargados de humedad y si se dieran nuevas lluvias la cosecha enfrentará serios problemas por falta de piso. Además el exceso de humedad traería aparejado inconvenientes por “lavado” de granos y por enfermedades fúngicas.
A ello debe sumarse el estado de los caminos de tierra que pone una traba en la logística del transporte.
Esta señal negativa no sólo golpea a nuestro país sino también a Brasil y a buena parte del resto de la región.
Suceda que lo que suceda, es difícil que la presión de la oferta sudamericana no afecte los precios en lo inmediato.
En este sentido los que deberían sufrir más son los precios del disponible. La tendencia que ellos registran es de aproximación a los futuros.
Además los días buenos y secos recientes, de América del Sur, no hacen otra cosa que presionar a la baja a los valores.
Pero no está todo dicho. Después del vértigo de la gran cosecha, el cuadro cambiará.
En tanto, la Presidente sigue con discursos alejados de la realidad. El cuadro fiscal y de endeudamiento es de temer.
Ni con la expropiación de los fondos de pensión, ni con el incremento en la presión tributaria, el gobierno ha podido detener el deterioro de las cuentas públicas.
Y ello es una amenaza permanente sobre el sector productivo.